El puerto mejor escondido de México

En tan solo 3 días, la maravillosa ciudad de Oaxaca se convirtió en una de nuestras preferidas. De no haber sido por nuestro compromiso con nuestro primer voluntariado a través de workaway en Puerto Escondido, nos abríamos quedado quién sabe hasta cuando. Aún así, intentamos alargar nuestra estadía un día más, que tan solo nos dejó con más ganas de regresar.

Intentando despertar del encanto de Oaxaca, al siguiente día tomamos una van por 7 horas hacia Puerto Escondido. Un camino angosto, lleno de curvas y de peregrinos de la virgen de Juquila, que aumentaron 3 horas más a nuestro ya pesado viaje. Luego nos enteraríamos que el estado de la carretera entre Oaxaca y Puerto Escondido, era la clave para que este paraíso no sea invadido por un turismo masivo y siga manteniendo su encanto local oaxaqueño, el que muchos temen que desaparezca con la gran avenida que estará lista en pocos años y que unirá a Oaxaca con Puerto Escondido en tan solo 3 horas.

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Al fin llegamos. Sin saber qué esperar, nos bajamos con una ola de calor infernal. Siguiendo las instrucciones de Fernando, nuestro anfitrión, tomamos una camioneta/ colectiva hacia el Rancho Cuatro Elementos. Desde la carretera teníamos que caminar 1 kilómetro hasta llegar a nuestro destino final. Con las mochilas, el sol infernal, y la perdida que nos pegamos, el kilómetro pareció como 5. Como cosa rara, teníamos saldo, señal y batería. Llamamos a Fernando quien nos tuvo que ir a rescatar y guiarnos a hasta nuestro destino final (que había estado a pocos metros de nosotros).

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Era un terreno en pendiente, con algunas plantaciones y pequeñas construcciones de madera. Una de las cuales fue nuestro cuarto por la siguiente semana, la cabaña de fuego, con paredes de tela y un techo de malla. Después de una delicioso spaguetti a leña de bienvenida, y una cálida conversación frente al fuego, Fer nos hizo sentir como parte de la familia, y después de mucho movimiento, finalmente nos llegó el sentimiento de casita que añorábamos tanto. Dormimos cobijados bajo un cielo estrellado. Esos lujos de la vida que no cuestan nada.

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Rancho Cuatro Elementos nació gracias al sueño de Fer, un ser fuera de lo común que decidió dejar las comodidades de la ciudad por una vida en el salvaje Puerto Escondido como lo describe Fer, cambiando la realidad superficial y virtual en la que se había visto absorbido en la ciudad por una de conexiones intensamente reales. Adquirió un terreno en el que ha ido trabajando junto a sus hijos durante los últimos 15 años. Poco a poco, un paso a la vez, Rancho Cuatro Elementos ha ido y continúa creciendo, transformándose en un maravilloso proyecto con una de las vistas más confortantes y hermosas que he visto.

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Con nuestras energías repuestas y llenos de motivación, empezamos nuestro primer voluntariado. Todos los días de 9 a 12, trabajábamos en diferentes tareas en el Rancho, desde deshierbar las camas de nopales, hasta perseguir gatitos bebes, no paso mucho antes de que yo ya me dedicara únicamente a hacer murales que trajeran más vida y color a este hermoso rincón del planeta. Finalizada nuestra sudorosa mañana, tomábamos un baño en agua fría para que 10 minutos después en nuestra caminata hacia la carretera nos volviéramos a empapar de sudor. Esto solo hacia que lleguemos a la playa del día con mas ganas.

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Oaxaca-121425.jpgCada tarde tuvimos la oportunidad de conocer una playa diferente, Zicatela, Coral, Playa Blanca, Bacocho, Bocana, Carrizalillo, y en cada una tuvimos la bendición de conocer almas afines, liberar tortuguitas, y ver atardeceres únicos y vibrantes, que nos recordaron el encanto de las playas del Pacífico. El ambiente de Puerto Escondido y sus playas de surfistas era delicioso. Sin olas de gente, con una comunidad internacional grande pero consciente, que busca mantener las playas limpias y lo mejor conservadas posible, con varios restaurantes y actividades a precios super cómodos, y sobretodo con una comunidad local fuerte que protege su tierra y sus tradiciones, México nos volvió a enamorar una vez más… cada lugar nos ha invitado a quedarnos más tiempo pensando que no encontraríamos algo mejor, es difícil tener un lugar preferido en México, sin embargo Oaxaca y sus playas te abrazan fuerte y no te dejan ir.

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Aunque Puerto también nos hizo pagar piso con un par de encuentros no tan pacíficos (que tal vez no sean tan aptos para este medio), Puerto Escondido fue definitivamente el lugar que más nos atrapó. Estábamos felices, cocinando en leña, jugando con gatitos, meditando y haciendo yoga en las mañanas, disfrutando de poder ayudar en el Rancho, y descubriendo nuevas tradiciones y hermosas playas todos los días. Fue un lugar que nos intrigó, y uno de los pocos en los que hemos podido imaginar una vida…

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De despedida Fer nos llevó a la mezclaría tradicional de Puerto, tenían desde un mezcal capuchino, hasta uno medicinal de hierbas que me tuvo tosiendo algunos minutos. Tuvimos una última cena alrededor del fuego conversando sobre el universo, alienígenas y playas. Al siguiente día, una vez terminado el último mural del último elemento, Fer nos llevó hasta la parada, y con un fuerte abrazo, muy agradecidos por el tiempo compartido y con la ilusión de futuros proyectos, nos dijimos hasta pronto.

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Día de Muertos, día de muerte

Ir en contra corriente se ha convertido en nuestra receta más exitosa. Turismo masivo, filas, tráfico? No corremos…huimos en dirección contraria! sin embargo, estábamos en Día de Muertos, en el lugar más celebrado en México, a pocos minutos de donde se inspiró (o como nos quisieron vender en un tour, en donde se filmó la famosa película de Coco). Queríamos vivirlo al máximo! No queríamos perdernos nada, así que basándonos en la información proporcionada por amables locales, decidimos empezar nuestra noche con lo más apetecido por los turistas, Janitzio. Nuestro plan: adelantarnos a la masa humana que sabíamos invadiría la isla, y así tener tiempo de visitar los pueblitos aledaños conocidos también por su encantadora celebración.

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Con Rose, salimos temprano de la casa de Fany. Pintamos nuestras caras de catrinas mientras disfrutamos de un pan de muerto en Terra Mona. Ya listos para camuflarnos entre calaveras y con mucha emoción de presenciar uno de los actos culturales más pintorescos del mundo, nos dirigimos hacia la Fuente de las Tarascas en donde inició el desfile de catrinas. Cientos de hombres, mujeres, y niños de todas las edades, con caras decoradas con pintura, escarcha, plumas y luciendo vestimentas coloniales, llenaron la famosa Avenida Madero con un aire surreal de alegría,  tristeza, creatividad y belleza. Nos fundimos entre la multitud, y buscamos el primer taxi en dirección a Pátzcuaro, pueblito mágico de donde saldría el bote a la famosa isla y cuyo recorrido pospusimos para nuestro regreso.

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Empezamos a sentir la ola de gente, que como nosotros, se sintió atraída por esta bella tradición. En un tramo que normalmente se harían 20 minutos, hicimos más de 1 hora y media por el tráfico. Ansiosos por llegar temprano, corrimos al muelle, en donde ya empezamos a ver que no éramos los únicos con la “brillante idea” de llegar temprano a la Isla.

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Comprar el boleto nos tomó casi una hora. La fila para llegar a la embarcación nos tomó  otra hora más. Por fin se empezó a mover el bote. Ya era de noche y hacía mucho frío. La gente empezaba a tomar. A lo lejos veíamos una pequeña isla llena de luces y con la escultura de un hombre en su tope (luego nos enteramos que era José María Morelos, héroe de la Independencia Mexicana). Al fin llegamos. La pequeña isla de estrechos callejones había ya sido invadida por miles de turistas de México y del mundo. La entrada al Panteón, lugar sagrado en donde los purépechas visitaban y rendían homenaje a sus difuntos, era una masacre. Ver las tumbas pisoteadas por un gentío inconsciente, embrutecido por el alcohol y en busca de una selfie, nos llenó de tristeza y compasión por los locales, que aunque necesitaban el ingreso extra que llegaba gracias a los turistas, experimentaban una invasión irrespetuosa a su cultura, tradición y difuntos. No aguantamos ser parte de esta espantosa avalancha que destruía por completo la bella y admirable tradición que nos había atraído a ese lugar. Tomé una foto intentando capturar este momento tan triste, y esperando crear conciencia para los que quieran visitar Janitzio el próximo Día de Muertos.

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Claustrofóbicos y con el ánimo en el piso, Rose decidió llevarnos a la tienda de Don Juan, un local que había conocido el día anterior. Haciendo honor al calor mexicano, nos recibió con un delicioso y calientito ponche de frutas, que ayudó a recuperar nuestro ánimo y calor corporal. Agradecimos tener una experiencia auténtica y decidimos continuar con nuestro ya totalmente atrasado itinerario. Eran las 12 de la noche y aún teníamos todo por recorrer. Regresamos al muelle. Los ánimos que habían regresado a su lugar, se volvieron a caer. Una fila interminable nos separaba de los próximos botes. Con sueño, con frío, con destellos de humor por lo irónico de la situación, sintiendo la tensión de la masa, pasamos más de 3 horas esperando que llegara nuestro turno. Por fin, nos subimos al bote, no sin que nos gritarán colados y abusivos (para que vean como estaba el ambiente). Nos alejamos viendo como la isla llena de luces a la que llegamos con tanta ilusión, lentamente desaparecía en la oscuridad.

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Llegamos al muelle, eran ya las 3 de la mañana, la mayoría de gente estaba borracha, no sabíamos cómo podríamos ir al siguiente pueblito de nuestra lista, o si es que aún queríamos arriesgarnos a ir… la verdad ya no teníamos energía para más gente ni filas. Un bus que decía Morelia fue nuestra señal de regresar. A las 4am nos dejó en una gasolinera relativamente cerca de nuestra casa. La ciudad había colapsado por la masiva llegada de turistas. No habían taxis, ni ubers, ni nada, y los que llegaban se veían asaltados por los que nos quedamos varados en la gasolinera. Tuvo que pasar una hora más hasta al fin poder subir en un taxi que nos llevara de vuelta a casa, a quitarnos el maquillaje de calavera chorreado, a por fin poder cerrar los ojos y esperar al menos poder soñar con bellos panteones llenos de flores, luces, frutas, calaveritas de colores, y purépechas cantando, comiendo y compartiendo con sus queridos difuntos en paz.

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Morelia se viste de amarillo

Deslumbrados por tanta cultura y color, continuamos hacia nuestro siguiente destino, uno que guardaba los orígenes del fenómeno cultural más extraordinario de México. Nuestro ride en Blablacar una vez más, superó nuestras expectativas. Nayeli, una chica joven de lo más simpática, nos llevó a nuestro destino por la mitad de precio, en la mitad del tiempo que un autobús y hasta nos ofreció hospedaje en su casa. Tuvimos que rechazar su tentadora propuesta, ya teníamos un anfitrión y nos estaba esperando. Morelia nos recibió con una noche fresca, con su magnífica catedral, con un fondo de grises nubes y silenciosas calles de leyendas e historia.

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Debíamos llegar a nuestro primer couchsurfing antes de las 10. Eran ya las 9:40. Intentando no incomodar a nuestra desconocida anfitriona desde el primer día, nos trepamos en el primer Uber que llegó, y nos alejamos del centro de la ciudad. Llegamos un poco tarde… nerviosos por su reacción, no nos esperábamos la cálida bienvenida y la sincera sonrisa con la que nos recibió. Fanny, una joven profesora Mixoacana, nos abrió las puertas de su casa, por la sencilla razón de que tiene espacio, y si puede compartirlo, ¿por qué no?. Bajo esta filosofía, no recibió solo a 2 viajeros, recibió a 4! Y si su espacio lo permitiera hubiéramos sido más. Rose, una chica llena de energía de Dinamarca, y Camilo, un chileno de lo más conversón, en busca de vivir en carne propia su película favorita, “Coco”, llegaron al siguiente día para terminar de completar nuestra pequeña y diversa comunidad.

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Los siguientes días se fueron en largas caminatas, recorriendo las calles de la colonial  Morelia, originalmente conocida como Valladolid. Caminamos casi por toda la Avenida Madero, disfrutando de la belleza arquitectónica de sus edificios y descubriendo sus tesoros históricos. Recorrimos algunos kilómetros hasta llegar a la “Fuente de las Tarascas” la fuente más famosa de la ciudad, que representa a tres princesas indígenas sosteniendo una paila llena de frutas como veneración a la abundancia de la Madre Tierra. Pasando la fuente encontramos el famoso Acueducto, construido durante la colonia y el que fue una de las principales razones por las cuales Morelia fue declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO. Continuamos, llegamos al Santuario de Guadalupe, al ingresar vimos a sus costados dos impactantes pinturas. Representaban la llegada de los españoles a América y su sangrienta colonización disfrazada de salvación. Una historia que aún duele, que afectó y sigue afectando de alguna manera a todos los latinoamericanos.

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Empezamos a regresar, imaginando como sería una America sin colonización. Nuestro estómago comenzó a quejarse, decidimos buscar comida. Normalmente encontrar un lugar que vaya de acuerdo a nuestra dieta nos lleva algún tiempo, para suerte de nuestra barriguita, Morelia se ha convertido en una ciudad universitaria llena de restaurantes para todos los gustos y presupuestos. Como atraídos por un imán, en una calle escondida encontramos un local vegano, del que fuimos clientes durante toda nuestra estadía en Morelia, Terra Mona. Esta manejado por dos hermanas gemelas de lo más emprendedoras y buena onda. Su local es uno de los pocos veganos en Morelia, y a través de su delicioso menú proponen a la comida vegana como una deliciosa opción con impacto mínimo en el medio ambiente. Totalmente recomendadas!PueblosMagicos-310382.jpg

Así pasaron los días, y vimos como con el pasar de las horas la ciudad se vestía de fiesta, engalanandose de flores amarillas, coloridas calaveras y fascinantes ofrendas para recibir con toda la alegría y amor a sus queridos y recordados difuntos. Camilo, el chileno conversón, tuvo la gran iniciativa de realizar nuestra propia ofrenda, ya que todos queríamos rendir homenaje a alguien especial, incluso Rosa quien quería que su conejita sea también recordada.

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Fany, nuestra increíble host, nos dio una lista con todo lo que necesitábamos: Velas, calaveritas de azúcar, granos, licor, flores amarillas o tsochitl, frutas, el tradicional pan de muerto, mezcal y lo más importante, una foto nuestro ser querido. Conseguimos casi todo en la lista, y regresamos para armar la ofrenda entre todos.

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Fue un momento muy especial, abrimos nuestro corazón, compartimos historias y anécdotas sobre nuestros difuntos, reímos y lloramos, recordándolos con alegría y con la certeza de que la muerte no es el final, es un nuevo comienzo y que tarde o temprano nos volveremos a encontrar. 

Después de un cálido abrazo, cansados y llenos de emociones, nos fuimos a descansar. Mañana sería 2 de noviembre, y quién sabe lo que el esperado “Día de Muertos” nos iría a deparar.

¿De Colombia a Panamá? Hay que mirar pa´ver (Parte 1)

Después de pagar 45.000 COP de sobrepeso por nuestras maletitas nos embarcamos en una lancha rápida Vía Capurganá. Por fin nos dirigíamos hacia el paraíso tan ansiado, playas prístinas a la falda de bosques poco intervenidos del majestuoso y como vendríamos a conocer, peligroso, Darién. En este edén planeábamos disfrutar nuestra última semana en Colombia. Pero como un viajero sabiamente nos dijo: “¿Quieres hacer reír a Dios? Cuéntale tus planes. Seguro estaba retorcido de tanta carcajada.

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Una interminable hora en lancha rápida en mar abierto pensamos que era un precio justo que pagar por llegar a la aislada costa de Capurganá. La playa virgen de nuestros deseos fue abruptamente reemplazada por un puerto desordenado e infestado de gente. Nuestras caras no podían esconder el shock. Intentando sobreponernos, decidimos continuar a Sapzurro, el siguiente pueblo costero del Chocó que parecía ser menos concurrido. No podíamos avanzar sin tener nuestro sello de salida de Colombia en Capurganá, así que durante una hora hicimos fila bajo un poderoso sol de mediodía. Parecía que nos habíamos metido al mar con todo y mochilas cuando por fin nos atendió el oficial de migración, a quién no se le ocurrió comentarnos (antes de sellar nuestra salida) que una vez realizado el trámite teníamos 48 horas para salir de Colombia.

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Con la intención de sacarle el jugo a nuestras últimas horas y con un espíritu mochilero inquebrantable (que nos instó a ignorar las recomendaciones de los locales) decidimos realizar el cruce hacia Sapzurro por tierra, una caminata de alrededor de 3 horas a través del bosque montañoso. A la media hora de iniciar nuestra proeza, nos cruzamos con un chico que venía desde el lado contrario. Al ver nuestras intenciones, nos urgió a considerarlo, el camino empinado y lodoso le había costado 4 horas de caminata, esto, sin una refrigeradora a su espalda. No necesitamos de más insistencia, y la verdad nuestras espaldas nos agradecieron enormemente al subirnos a una lancha que nos llevó en menos de 10 minutos a Sapzurro. En el trayecto conocimos a Doña Marlene, dueña del hospedaje “Las Higueras”, quién nos ofreció un cuartito de lo más pintoresco a precio de camping.

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Sin intención de desperdiciar nuestras últimas 48 horas, nos dirigimos hacia Cabo Tiburón, la playa más bonita de Sapzurro. Nuestro ansiado paraíso seguía siendo reemplazado por la triste realidad de nuestras costas. Que angustia encontrar que la playa más bonita, que realmente goza de una belleza única, está cubierta de basura. Basura que debido a la poca concurrencia que vimos, tuvo que haber venido del mar. Normalmente recogemos la basura que encontramos en las playas… esta vez no sabíamos por donde comenzar. Los plásticos de un solo uso, que problema tan destructivamente egoísta enraizado en nuestros hábitos del día a día. Que impotencia, que dolor sentir el conformismo, el “que me importa”…. Tema polémico con chispas de esperanza para un futuro post.

Regresamos al pueblo cabizbajos, pero con una preocupación más urgente en mente. ¿Cómo cruzamos de Colombia a Panamá? Una pregunta que nos veníamos haciendo desde Necoclí y a la que las pocas y diversas respuestas que obteníamos podían ser resumidas en el característico dicho colombiano “hay que mirar pa´ver”. Para información confiable tuvimos que refugiarnos en turistas extranjeros. Así fue como nos enteramos que el cruce a Panamá por mar tiene un costo de 100$ por persona, que en migración Panameña piden entrar con 500$ en efectivo por persona (para probar solvencia), que no hay cajeros electrónicos hasta Ciudad de Panamá, y para “aliviar” la situación, no hay como salir de Sapzurro a Puerto Obaldía (el pueblo con oficina de migración Panameña) sin tener al menos 4 personas para cubrir los costos de la lancha.

Como viajeros, al estar tan expuestos y en constante movimiento, nos trasladamos con el efectivo necesario. ¡¿Qué mochilero lleva 1000$ en efectivo?! Con el tiempo encima, inició el conteo regresivo . Corriendo por todo Sapzurro logramos encontrar dos turistas más para la lancha (√) Encontramos un señor que ofrecía el servicio para sacar dinero con tarjeta de crédito (¡¡¡al 19% de impuesto!!!) (√) Encontramos un bote con suficientes turistas para Puerto Obaldía(√).

Nos fuimos de Colombia, o mejor dicho salimos huyendo de Colombia.

Antes de pasar a la segunda parte de la historia, unos valiosos consejos para los pobres diablos que quieren cruzar de Colombia a Panamá por mar:

*El último cajero en Colombia es en Necoclí o e Turbo.

*Si ya estás en Capurganá y no tienes el efectivo suficiente busca a Ariel Palacios (un abusivo extorsionador que se cree mejor que banco Suizo) pero que te sacará del apuro.

*El costo de transporte aéreo de Puerto Obaldía a Ciudad de Panamá es de 100$. Sale solo los martes y jueves y tiene 7 espacios por lo que tienes que reservarlo con anticipación.

*El costo en lancha de Puerto Obaldía a Cartí (el primer pueblo con carretera hacia Panamá) tiene un costo de 110$ por persona + 20$ de impuesto a los Kuna Yala +25$ de transporte de Cartí a Panamá. (Si quieres quedarte en el archipiélago de San Blas, esa es otra historia)

*Anda con tiempo y dispuesto a la aventura, ya que quién sabe cuándo consigas otros pobres turistas (que se hayan atrevido a cruzar sin tour) para que las lanchas se dignen en salir.

Requisitos de migración Panameña:

*500$ en efectivo como prueba de solvencia económica para ingresar

*Reservación de ticket de salida (bus o avión)

*Carnet de fiebre amarilla

*NO HACER MUCHAS PREGUNTAS

¡¡¡SUERTE!!! (Es necesaria)

Medellín, entre paisas y piques

Nos despedimos de la finca “La Dicha” temprano en la mañana con la intención de evitar la hora pico que frecuentemente nos da la bienvenida en las ciudades.  Los atracones, atrasos, y paradas en cada Vereda, han sido parte de todos las viajes en bus que hemos tomado, por lo que a pesar de nuestro esfuerzo llegamos un viernes en la tarde a la segunda ciudad más grande de Colombia. A nuestra grata sorpresa, el ingreso fue de lo más fluido, lo que desde ya nos hizo ver que Medellín no era una ciudad cualquiera.

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Jota, el primer hermano de nuestro buen amigo Francisco que nos recibiría en Colombia, siendo fiel a su naturaleza Paisa, nos recibió con la calidez que los identifica. Después de una breve presentación y de un familiar abrazo, ya nos sentíamos como en casa. Jota y su familia residen en Envigado, un pueblo pintoresco y con un aire “aniñado” que nos recordó mucho a nuestro Cumbayá. Llegamos en vísperas de Navidad, que al parecer en Colombia comienzan en octubre, mes desde el que nos han acompañado luces y villancicos. Esa noche la familia política de Jota se reunió para armar el árbol de Navidad. Reunión que nos llenó del espíritu navideño expresado en ese calorcito de hogar y olor a comida deliciosa.

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Foto: lasnoticiasenred.com

Uno de nuestros objetivos del viaje es tener una alimentación consiente, un cambio en nuestra dieta que nos limita en cuanto a la experimentación de la cultura gastronómica de cada país. Aunque hasta el momento estábamos muy orgullosos de nuestra fuerza de voluntad, no pudimos resistirnos a la natilla con buñuelos que nos fue ofrecida con tanto amor. La noche de retortijones valió totalmente la pena.

La mañana siguiente, después de esquivar un gran alacrán que al parecer había venido en nuestras maletas, nos preparamos para ir a descubrir Medellín. Aprovechando que las calles estaban cerradas para el ciclopaseo caminamos desde Envigado hasta el Poblado y finalmente al Parque Lleras, tramo en el que experimentamos una ciudad de familia, de un clima perfecto y de mucha vida. El regreso fue en el famoso metro, el que nos sorprendió por su eficiencia y orden. Como dijo el ex alcalde de Bogotá Enrique Peñalosa: “Una ciudad avanzada no es en la que los pobres pueden moverse en carro, sino una en la que incluso los ricos utilizan el transporte público”, objetivo al cual Medellín claramente esta apuntando.

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Foto: http://www.wikipedia.com

Aunque la capital de Antioquía estaba probando ser una ciudad diferente en el mejor sentido, nuestra fascinación por los pueblitos colombianos nos llevó a dar prioridad a las afueras de la ciudad. Así fue como llegamos a Guatapé, pueblito que lleva el nombre de un cacique de la cultura indígena localizada antiguamente en la región. En 1970, el asentamiento original fue inundado con el objetivo de formar un proyecto hidroeléctrico, el que dio como resultado la reconstrucción de un nuevo y mejorado Guatapé, ubicado a pocos minutos del Peñon, un monolito de 220 metros de altura.

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Como todos los días, en un esfuerzo por mantenernos dentro de nuestro presupuesto, decidimos jalar dedo. Esta ocasión fue una familia de Bogotá. Entre conversaciones de política, de viajes y experiencias, nos enteramos que para nuestra suerte, iban directo a Envigado. Llegamos ya con pocas energías después de un día bastante ajetreado, pero considerando que era nuestra última noche, aceptamos la invitación de el cuñado de Jota para ir a conocer el Medellín nocturno.

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Foto: http://www.rondandoando.com

Un pintoresco Pueblito Paisa nos deleito con una bella vista de la ciudad bajo la luna llena, sin embargo, Diego nos quería enseñar una ciudad con más adrenalina. Después de un tinto fuimos a ver los “piques”. Sintiéndonos como dos hippies perdidos en una película de rápido y furioso 16 versión latina, las estruendosos velocidades de los autos y motos nos tenían con los nervios de punta, aunque como buenos viajeros, nos encantó conocer ese matiz local que muy pocos turistas tienen el lujo de conocer.

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Foto: http://www.streettunning.com

Nos vamos de la ciudad de la “eterna primavera” con inolvidables experiencias y con un sincero agradecimiento a Jota, Gloria, sus hermosos hijos y familia, por darnos un espacio en su hogar, en sus vidas y sobretodo por ser un ejemplo de unidad y armonía familiar. Esperamos volver a compartir con ustedes. Chao Medellín!

 

La DICHA de pajarear en Toche

Salento y el departamento del Quindío son conocidos por el árbol nacional de Colombia, la Palma de Cera (Ceroxylon quindiuense). Una espectacular palma que en condiciones óptimas sobrepasa los 50 metros y muchas veces puede llegar a medir más de 60 metros. Crece entre los 2500 m.s.n.m hasta aproximadamente los 2800 m.s.n.m, alturas donde uno no espera ver palmas. Como naturalista siempre quise ver y vivir un bosque de palmas de cera. Para nuestra suerte, un amigo pajarero me cruzo el dato de uno de sus mentores, un académico que a nuestra dicha vive en las afueras de Salento. No bastó sino una llamada a Jorge Orejuela y mencionarle que nuestro amigo Carlos Mario Wagner (un importante conservacionista de Colombia) nos recomendaba, que Jorge y su esposa Ana María armaron plan para una aventura en los últimos remanentes de bosque de palmas de cera en Toche. Esta expedición hubiera sido imposible sin la organización de Jorge y Ana María, que desde ya extrañamos y agradecemos infinitamente!

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Quedamos en topar en la plaza central de Salento, y muy puntuales nos encontramos, reconocimos y nos conocimos. Salimos de Salento por el Camino Real, un camino de segundo orden que es magnífico para pajarear y observar orquídeas. A nuestra sorpresa estábamos compartiendo nuestro hobby con eminencias de la conservación y gestión ambiental de Colombia (aunque Jorge y Ana María muy modestamente no lo reconozcan)  La conversación fue tan sincera y fluida que entre palmas de cera, charlas, risas, pajareadas, fotografías y orquídeas pasaron como 3 horas hasta llegar a La Carbonera. Una pequeña casita de finca donde 2 alimentadores de colibríes son el atractivo para pajareros en busca de spp. exóticas. Nada como un buen tinto con excelente compañía y mucha naturaleza. Continuamos hasta llegar a 3 Cruces, finca donde pernoctaríamos para la expedición en busca de spp. endémicas. El paisaje era mágico, el atardecer con sus rosados y dorados, el camino, la neblina, cantos de loras y el bosque, uno de los últimos bosques vivos de palma cera. Para aumentar nuestra probabilidades de encontrar muchas aves, el 85% de las palmas estaban fructificando!

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Con mucha esperanza, uno de mis objetivos era poder observar al Orejiamarillo (Ognorhynchus icterotis), un loro exótico gigante que necesita de la Palma de Cera para su existencia. La palma le brinda refugio, hogar y frutos para alimentarse. En Ecuador esta extinto, y las Palmas de Cera tienen el mismo destino. Con todavía los últimos rayos de luz, fuimos con Jorge a explorar lo que sería el comienzo de nuestra expedición la madrugada siguiente. Una rica cena, otra muy buena conversación y dijimos hasta mañana. Soñé en épocas donde todas las montañas que nos rodeaban estaban prístinas y loros hacían un festín de los frutos maduros de las palmas.

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Madrugamos a la pajareada Ana María, Guz, Jorge, Yo y Consentido, un gato tan dócil que su nombre le queda corto. Primera vez que salgo a pajarear con un gato, y más aún, con un gato que nos siguió al monte. La densidad de palmas es algo fuera de la comprensión racional. Es de verdad algo fuera de este mundo. Hasta la salida de grupos armados en la zona, muy pocos conocían la existencia de este ejercito centenario de Palmas de Cera. Un bosque alto-andino nuboso mantuvo oculto a estos gigantes. Este bosque es el más grande vivero natural de plántulas de Palma de Cera, aquí hierve la biodiversidad. Las Palmas de Cera son una especie “sombrilla”, es decir, es una especie cuya presencia permite que muchas otras especies existan. Ejemplo de esta diversidad son los escarabajos que las polinizan, y muchos otros insectos asociados a sus flores. Líquenes, hongos, salamandras, roedores, felinos, y mas mamíferos subsisten a esta estricta cadena alimenticia.

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La bienvenida al bosque no pudo ser mejor. Una familia de Quetzales en pleno display mañanero bailaba y se alimentaba en frente de nuestros ojos. Después de ese espectáculo pavas de monte alborotaban al bosque, y 5 minutos después un six-pack de tucanetes en concierto. La interpretación del bosque fue exquisita gracias a Jorge y Ana María que con sus ojos calibrados encontramos aves y orquídeas. Es difícil explicar mi felicidad por tener la suerte de compartir un bosque tan especial con personas tan admirables. Un bosque que si no se toman medidas urgentes desaparecerá al igual que los bosques que alguna vez existieron en Cocora. La diferencia entre el valle de Cocora y Toche, es abrumador. Cocora es potreros con individuos de palmas esporádicamente esparcidos como políticos honrados en la asamblea nacional (creo que estoy muy generoso). No puedo concluir este relato sin expresar mi tristeza y preocupación por ver como la frontera agrícola y sobretodo ganadera esta poniendo en tanto riesgo ecosistemas únicos en el planeta. Donde esta la comunidad de observadores de aves, donde están las ONG´s, las organizaciones de conservación, donde esta el estado colombiano? Donde estas tú con tus acciones del día a día para no promover extractivismo? Esta zona y estos bosques deben ser protegidos YA! Protegidos con categoría de Parque Nacional y de Patrimonio Natural de la Humanidad. Sin la creación de áreas protegidas y de educación ambiental, la permanencia a largo plazo de estos bosques no esta asegurada. Esta palma, según estudios formales, empieza a reproducirse recién a los 67 años, cuando la palma recién tiene 10 metros de alto. Necesitamos actuar YA!

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Alternativas existen, el eco-turismo lo demuestra todos los días, y el avi-turismo es un ejemplo de alternativa de grandes beneficios ecológicos pro conservación y de alternativas económicas para la población en un cambio de matriz productiva. Este bosque además tiene la dicha de que el carretero de acceso sea nada mas ni nada menos que el Camino Real. Un camino que con inversión, capacitación, promoción e interacción adecuada puede ser un destino y producto turístico de primer nivel. Lo primero que se debe hacer, según Jorge, es cercar todos los potreros para que el ganado no entre al bosque y destruya el suelo y las plántulas en su carrera de supervivencia. Los principales riesgos de extinción de la Palma de Cera y sus bosque son antropogénicos. Deforestación y cambios de uso del suelo para actividades ganaderas, la intensa costumbre católica de utilizar estas palmas para festejos religiosos, son las principales causas.

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No tuvimos suerte de encontrar al Orejiamarillo, pero estoy seguro que volveré, y espero de corazón encontrar todavía a este bosque y sus habitantes tan esenciales protegidos bajo la ley y bajo principios que nacen de la buena fe y educación de las personas. Regresamos filosofando, pensando y soñando en cambiar al mundo. Hicimos tan buen click con Jorge y Ana María que nos invitaron a pasar la noche en su casa y conocer a su familia. La DICHA es la hermosa propiedad a las afueras de Salento donde Ana María y Jorge viven. Un espacio de familia, de comunidad, de trabajo, y sobretodo de un estilo de vida consiente. Las hijas de Ana María y Jorge también viven en la Dicha junto a sus parejas y familia. Cada una explotando sus conocimientos sustentablemente. Ya sea con restauración ecológica, proyectos de educación ambiental, arte o permacultura, nos sorprendió la energía y creatividad con la que su estilo de vida influye en la formación de los más pequeños miembros de esta comunidad, las nietas de Ana María y Jorge. Seres de corta edad que al tener una exposición mínima a la destructiva y adictiva sociedad capitalista, han desarrollado una personalidad curiosa, alegre, despierta que es difícilmente vista en las nuevas generaciones. Una familia conviviendo como comunidad, con sus dificultades y beneficios, todos los integrantes guiados por un ferviente deseo por tener una vida en armonía con la naturaleza. Agradecemos de corazón a la familia Orejuela por abrir las puertas de su hogar a unos locos viajeros con los que no tenían ningún tipo de compromiso. Es por gente como Jorge y Ana María, que abren su corazón y hogar sin esperar nada a cambio, que volvemos a creer en un mundo donde las relaciones humanas nacen de una confianza mutua y sin intereses de por medio. Nos despedimos de la Dicha con la cordillera despejada como testigo de regresar para continuar proyectos que empezaron a maquinarse.

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Ana María nos acompaño hasta la carretera para agarrar el bus vía Manizales, la despedida fue similar a cuando el 5 de octubre del 2017, Nena (la mamá de la Guz) nos despedía en plena Panamericana antes de tomar nuestro primer bus hacia el norte.

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Salento: café, historia, y naturaleza.

Salir de Mahavan fue difícil. Una mañana excelente para pajarear y las deliciosas comidas del Prau Pourna nos demoraban. Afortunadamente, en esta ocasión teníamos un ride. Un Mazda 323 de las Doritas empacado a full con herramientas de jardinería, materiales de arte, plántulas de árboles nativos, y nuestro pesado equipaje nos trasladaría hasta Salento. Como siempre los trancones son nuestros compañeros de viaje, y esta vez íbamos preocupados del tiempo ya que habíamos cuadrado una reunión por Skype para un futuro posible trabajo en Panamá. La entrada a Salento nos recordó la entrada a varios pueblitos en Ecuador: un pequeño desvío de la carretera principal y curvas cerradas e infinitas que descienden al río para entrar por el medio de montañas por un valle inter-andino. Con las justas llegamos a un Internet para cuadrar nuestra reunión, ahora la dificultad estaba en maniobrar el Internet con la lentitud del ancho de banda. Concluimos la reunión con éxito y entusiasmados de tener una posibilidad de trabajar en Panamá. Sin ningún otro compromiso salimos a buscar a Don Carlos, un amigo de las Doritas quién nos hospedaría. A nuestro sorprender teníamos todo el sitio para nosotros ya que días atrás había terminado unas instalaciones para recibir turistas. Lo estábamos inaugurando. Comenzamos con nuestras habituales vueltas: buscar la frutería y hacernos amigos de la casera para llenar nuestra lonchera de víveres esenciales para 2 viajeros que vienen con instrucciones para su alimentación.

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Al día siguiente madrugamos porque teníamos la suerte de tener guías locales que nos enseñarían su querido Salento en un tour privado. Las Doritas nos recogieron en su Mazda y emprendimos el viaje al Valle de Cocora. Nada mejor que conocer esta zona de la mano de 2 guías que aman su tierra y la excelente labor que realizan. Les acompañamos también a una visita laboral que tenían que resolver. Su trabajo consistía en una caracterización de la avi-fauna de un paradero turístico del valle, para luego con su fina habilidad pintar las aves más representativas para la interpretación y educación ambiental. Mientas ellas trabajaban yo pajareaba y la Guz fotografiaba.

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Aquí comimos el patacón más grande que hemos visto! Después de una mañana tan ajetreada el estómago rugía y siguiendo los consejos de nuestras amigas Doritas fuimos a parar en un restaurante vegano! sí! encontramos excelente comida en Salento, y lo que les puedo contar es que casi nos quedamos a vivir aquí. No había poder alguno que le saque a la Guz de aquí después de haber probado raw  vegan brownies.

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La plaza central esta rodeada de Willies, carros tipo Jeep típicos de la localidad para trabajar las fincas, brindar transporte, y ahora para turismo. La calle artesanal tiene cientos de locales de comida, artesanías, bares, restaurantes y sube hasta el mirador de la ciudad. Salento cuenta con elementos claramente diferenciados del cuál se construyó el proceso de colonización del Quindío colombiano y la región andina. Dentro de este contexto, este municipio a sido a través del tiempo y en la modernidad sitio de paso de importantes personajes como el intrépido barón Alexander von Humboldt y el prócer Bolívar quiénes cruzaron el Camino del Quindío, conocido como el Camino Real en la ruta que comunicaba Ibagué con Cartago en la ruta que unía Bogotá con Quito.

SALENTO

Salento es un pueblito en un boom turístico, es muy acogedor, lleno de historia, naturaleza y gente linda. Su esencia sigue intacta, pero esta luchando con una capacidad de carga exagerada en temporada, donde sin un catastro formal de servicios turísticos, tráfico insoportable de transportes masivos, y la extrema subida de impuestos, los locales están dolidos. Los que sí pueden soportar estos precios son los extranjeros que poco a poco se están adueñando de terrenos, fincas y propiedades. Los esfuerzos de los locales en salir adelante y de mantener la personalidad y conservar al pueblo en todo el significado de la palabra es absoluta, y lo experimentamos con nuestras amigas Doritas. Estamos muy agradecidos con la vida por ponernos a personas tan especiales en nuestro camino, y por supuesto que estamos igual de agradecidos con nuestras nuevas amigas por todo su cariño y hospitalidad.

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No podíamos salir del Quindío sin visitar una verdadera y autóctona finca cafetera. Escuchando nuevamente los buenos consejos de las Doritas nos decidimos por ir a la finca de Don Elías. A una hora caminando por los caminos rurales se llega a la vereda Palestina, la vereda cafetera de Salento. (para los que se confunden con la palabra vereda, en Colombia significa el pueblito dentro del pueblito) La finca Don Elías a diferencia de otras fincas turísticas (a lo gringo style) es y ha sido tradicionalmente cafetera. Es la 4ta generación de productores cafeteros. El hijo de Don Elías nos recibió y nos guió por su finca, conversando sobre las bondades, las dificultades, los retos y el futuro del café. En las orillas del río Quindío compartimos naranjas, limas, plátanos, aguacates y por supuesto el mejor café que habíamos probado hasta el momento en Colombia. Colombia es el mejor productor de café, pero sin ofender a nadie y en nuestra pequeña experiencia en Colombia, muy pocos colombianos saben prepararlo. Hasta antes de Don Elías nuestra historia con el café era aguado, soluble y tan dulce (sí! te sirven al café ya con azúcar) que más que café parecía agüita de vieja como postre.

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Salento es de esos pueblitos a los que uno se imagina viviendo ahí y desarrollando emprendimientos. Nos fuimos de Salento sin antes hacer más contactos y visitar una de las zonas más pintorescas e importantes para la conservación.

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