La DICHA de pajarear en Toche

Salento y el departamento del Quindío son conocidos por el árbol nacional de Colombia, la Palma de Cera (Ceroxylon quindiuense). Una espectacular palma que en condiciones óptimas sobrepasa los 50 metros y muchas veces puede llegar a medir más de 60 metros. Crece entre los 2500 m.s.n.m hasta aproximadamente los 2800 m.s.n.m, alturas donde uno no espera ver palmas. Como naturalista siempre quise ver y vivir un bosque de palmas de cera. Para nuestra suerte, un amigo pajarero me cruzo el dato de uno de sus mentores, un académico que a nuestra dicha vive en las afueras de Salento. No bastó sino una llamada a Jorge Orejuela y mencionarle que nuestro amigo Carlos Mario Wagner (un importante conservacionista de Colombia) nos recomendaba, que Jorge y su esposa Ana María armaron plan para una aventura en los últimos remanentes de bosque de palmas de cera en Toche. Esta expedición hubiera sido imposible sin la organización de Jorge y Ana María, que desde ya extrañamos y agradecemos infinitamente!

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Quedamos en topar en la plaza central de Salento, y muy puntuales nos encontramos, reconocimos y nos conocimos. Salimos de Salento por el Camino Real, un camino de segundo orden que es magnífico para pajarear y observar orquídeas. A nuestra sorpresa estábamos compartiendo nuestro hobby con eminencias de la conservación y gestión ambiental de Colombia (aunque Jorge y Ana María muy modestamente no lo reconozcan)  La conversación fue tan sincera y fluida que entre palmas de cera, charlas, risas, pajareadas, fotografías y orquídeas pasaron como 3 horas hasta llegar a La Carbonera. Una pequeña casita de finca donde 2 alimentadores de colibríes son el atractivo para pajareros en busca de spp. exóticas. Nada como un buen tinto con excelente compañía y mucha naturaleza. Continuamos hasta llegar a 3 Cruces, finca donde pernoctaríamos para la expedición en busca de spp. endémicas. El paisaje era mágico, el atardecer con sus rosados y dorados, el camino, la neblina, cantos de loras y el bosque, uno de los últimos bosques vivos de palma cera. Para aumentar nuestra probabilidades de encontrar muchas aves, el 85% de las palmas estaban fructificando!

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Con mucha esperanza, uno de mis objetivos era poder observar al Orejiamarillo (Ognorhynchus icterotis), un loro exótico gigante que necesita de la Palma de Cera para su existencia. La palma le brinda refugio, hogar y frutos para alimentarse. En Ecuador esta extinto, y las Palmas de Cera tienen el mismo destino. Con todavía los últimos rayos de luz, fuimos con Jorge a explorar lo que sería el comienzo de nuestra expedición la madrugada siguiente. Una rica cena, otra muy buena conversación y dijimos hasta mañana. Soñé en épocas donde todas las montañas que nos rodeaban estaban prístinas y loros hacían un festín de los frutos maduros de las palmas.

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Madrugamos a la pajareada Ana María, Guz, Jorge, Yo y Consentido, un gato tan dócil que su nombre le queda corto. Primera vez que salgo a pajarear con un gato, y más aún, con un gato que nos siguió al monte. La densidad de palmas es algo fuera de la comprensión racional. Es de verdad algo fuera de este mundo. Hasta la salida de grupos armados en la zona, muy pocos conocían la existencia de este ejercito centenario de Palmas de Cera. Un bosque alto-andino nuboso mantuvo oculto a estos gigantes. Este bosque es el más grande vivero natural de plántulas de Palma de Cera, aquí hierve la biodiversidad. Las Palmas de Cera son una especie “sombrilla”, es decir, es una especie cuya presencia permite que muchas otras especies existan. Ejemplo de esta diversidad son los escarabajos que las polinizan, y muchos otros insectos asociados a sus flores. Líquenes, hongos, salamandras, roedores, felinos, y mas mamíferos subsisten a esta estricta cadena alimenticia.

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La bienvenida al bosque no pudo ser mejor. Una familia de Quetzales en pleno display mañanero bailaba y se alimentaba en frente de nuestros ojos. Después de ese espectáculo pavas de monte alborotaban al bosque, y 5 minutos después un six-pack de tucanetes en concierto. La interpretación del bosque fue exquisita gracias a Jorge y Ana María que con sus ojos calibrados encontramos aves y orquídeas. Es difícil explicar mi felicidad por tener la suerte de compartir un bosque tan especial con personas tan admirables. Un bosque que si no se toman medidas urgentes desaparecerá al igual que los bosques que alguna vez existieron en Cocora. La diferencia entre el valle de Cocora y Toche, es abrumador. Cocora es potreros con individuos de palmas esporádicamente esparcidos como políticos honrados en la asamblea nacional (creo que estoy muy generoso). No puedo concluir este relato sin expresar mi tristeza y preocupación por ver como la frontera agrícola y sobretodo ganadera esta poniendo en tanto riesgo ecosistemas únicos en el planeta. Donde esta la comunidad de observadores de aves, donde están las ONG´s, las organizaciones de conservación, donde esta el estado colombiano? Donde estas tú con tus acciones del día a día para no promover extractivismo? Esta zona y estos bosques deben ser protegidos YA! Protegidos con categoría de Parque Nacional y de Patrimonio Natural de la Humanidad. Sin la creación de áreas protegidas y de educación ambiental, la permanencia a largo plazo de estos bosques no esta asegurada. Esta palma, según estudios formales, empieza a reproducirse recién a los 67 años, cuando la palma recién tiene 10 metros de alto. Necesitamos actuar YA!

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Alternativas existen, el eco-turismo lo demuestra todos los días, y el avi-turismo es un ejemplo de alternativa de grandes beneficios ecológicos pro conservación y de alternativas económicas para la población en un cambio de matriz productiva. Este bosque además tiene la dicha de que el carretero de acceso sea nada mas ni nada menos que el Camino Real. Un camino que con inversión, capacitación, promoción e interacción adecuada puede ser un destino y producto turístico de primer nivel. Lo primero que se debe hacer, según Jorge, es cercar todos los potreros para que el ganado no entre al bosque y destruya el suelo y las plántulas en su carrera de supervivencia. Los principales riesgos de extinción de la Palma de Cera y sus bosque son antropogénicos. Deforestación y cambios de uso del suelo para actividades ganaderas, la intensa costumbre católica de utilizar estas palmas para festejos religiosos, son las principales causas.

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No tuvimos suerte de encontrar al Orejiamarillo, pero estoy seguro que volveré, y espero de corazón encontrar todavía a este bosque y sus habitantes tan esenciales protegidos bajo la ley y bajo principios que nacen de la buena fe y educación de las personas. Regresamos filosofando, pensando y soñando en cambiar al mundo. Hicimos tan buen click con Jorge y Ana María que nos invitaron a pasar la noche en su casa y conocer a su familia. La DICHA es la hermosa propiedad a las afueras de Salento donde Ana María y Jorge viven. Un espacio de familia, de comunidad, de trabajo, y sobretodo de un estilo de vida consiente. Las hijas de Ana María y Jorge también viven en la Dicha junto a sus parejas y familia. Cada una explotando sus conocimientos sustentablemente. Ya sea con restauración ecológica, proyectos de educación ambiental, arte o permacultura, nos sorprendió la energía y creatividad con la que su estilo de vida influye en la formación de los más pequeños miembros de esta comunidad, las nietas de Ana María y Jorge. Seres de corta edad que al tener una exposición mínima a la destructiva y adictiva sociedad capitalista, han desarrollado una personalidad curiosa, alegre, despierta que es difícilmente vista en las nuevas generaciones. Una familia conviviendo como comunidad, con sus dificultades y beneficios, todos los integrantes guiados por un ferviente deseo por tener una vida en armonía con la naturaleza. Agradecemos de corazón a la familia Orejuela por abrir las puertas de su hogar a unos locos viajeros con los que no tenían ningún tipo de compromiso. Es por gente como Jorge y Ana María, que abren su corazón y hogar sin esperar nada a cambio, que volvemos a creer en un mundo donde las relaciones humanas nacen de una confianza mutua y sin intereses de por medio. Nos despedimos de la Dicha con la cordillera despejada como testigo de regresar para continuar proyectos que empezaron a maquinarse.

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Ana María nos acompaño hasta la carretera para agarrar el bus vía Manizales, la despedida fue similar a cuando el 5 de octubre del 2017, Nena (la mamá de la Guz) nos despedía en plena Panamericana antes de tomar nuestro primer bus hacia el norte.

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Salento: café, historia, y naturaleza.

Salir de Mahavan fue difícil. Una mañana excelente para pajarear y las deliciosas comidas del Prau Pourna nos demoraban. Afortunadamente, en esta ocasión teníamos un ride. Un Mazda 323 de las Doritas empacado a full con herramientas de jardinería, materiales de arte, plántulas de árboles nativos, y nuestro pesado equipaje nos trasladaría hasta Salento. Como siempre los trancones son nuestros compañeros de viaje, y esta vez íbamos preocupados del tiempo ya que habíamos cuadrado una reunión por Skype para un futuro posible trabajo en Panamá. La entrada a Salento nos recordó la entrada a varios pueblitos en Ecuador: un pequeño desvío de la carretera principal y curvas cerradas e infinitas que descienden al río para entrar por el medio de montañas por un valle inter-andino. Con las justas llegamos a un Internet para cuadrar nuestra reunión, ahora la dificultad estaba en maniobrar el Internet con la lentitud del ancho de banda. Concluimos la reunión con éxito y entusiasmados de tener una posibilidad de trabajar en Panamá. Sin ningún otro compromiso salimos a buscar a Don Carlos, un amigo de las Doritas quién nos hospedaría. A nuestro sorprender teníamos todo el sitio para nosotros ya que días atrás había terminado unas instalaciones para recibir turistas. Lo estábamos inaugurando. Comenzamos con nuestras habituales vueltas: buscar la frutería y hacernos amigos de la casera para llenar nuestra lonchera de víveres esenciales para 2 viajeros que vienen con instrucciones para su alimentación.

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Al día siguiente madrugamos porque teníamos la suerte de tener guías locales que nos enseñarían su querido Salento en un tour privado. Las Doritas nos recogieron en su Mazda y emprendimos el viaje al Valle de Cocora. Nada mejor que conocer esta zona de la mano de 2 guías que aman su tierra y la excelente labor que realizan. Les acompañamos también a una visita laboral que tenían que resolver. Su trabajo consistía en una caracterización de la avi-fauna de un paradero turístico del valle, para luego con su fina habilidad pintar las aves más representativas para la interpretación y educación ambiental. Mientas ellas trabajaban yo pajareaba y la Guz fotografiaba.

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Aquí comimos el patacón más grande que hemos visto! Después de una mañana tan ajetreada el estómago rugía y siguiendo los consejos de nuestras amigas Doritas fuimos a parar en un restaurante vegano! sí! encontramos excelente comida en Salento, y lo que les puedo contar es que casi nos quedamos a vivir aquí. No había poder alguno que le saque a la Guz de aquí después de haber probado raw  vegan brownies.

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La plaza central esta rodeada de Willies, carros tipo Jeep típicos de la localidad para trabajar las fincas, brindar transporte, y ahora para turismo. La calle artesanal tiene cientos de locales de comida, artesanías, bares, restaurantes y sube hasta el mirador de la ciudad. Salento cuenta con elementos claramente diferenciados del cuál se construyó el proceso de colonización del Quindío colombiano y la región andina. Dentro de este contexto, este municipio a sido a través del tiempo y en la modernidad sitio de paso de importantes personajes como el intrépido barón Alexander von Humboldt y el prócer Bolívar quiénes cruzaron el Camino del Quindío, conocido como el Camino Real en la ruta que comunicaba Ibagué con Cartago en la ruta que unía Bogotá con Quito.

SALENTO

Salento es un pueblito en un boom turístico, es muy acogedor, lleno de historia, naturaleza y gente linda. Su esencia sigue intacta, pero esta luchando con una capacidad de carga exagerada en temporada, donde sin un catastro formal de servicios turísticos, tráfico insoportable de transportes masivos, y la extrema subida de impuestos, los locales están dolidos. Los que sí pueden soportar estos precios son los extranjeros que poco a poco se están adueñando de terrenos, fincas y propiedades. Los esfuerzos de los locales en salir adelante y de mantener la personalidad y conservar al pueblo en todo el significado de la palabra es absoluta, y lo experimentamos con nuestras amigas Doritas. Estamos muy agradecidos con la vida por ponernos a personas tan especiales en nuestro camino, y por supuesto que estamos igual de agradecidos con nuestras nuevas amigas por todo su cariño y hospitalidad.

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No podíamos salir del Quindío sin visitar una verdadera y autóctona finca cafetera. Escuchando nuevamente los buenos consejos de las Doritas nos decidimos por ir a la finca de Don Elías. A una hora caminando por los caminos rurales se llega a la vereda Palestina, la vereda cafetera de Salento. (para los que se confunden con la palabra vereda, en Colombia significa el pueblito dentro del pueblito) La finca Don Elías a diferencia de otras fincas turísticas (a lo gringo style) es y ha sido tradicionalmente cafetera. Es la 4ta generación de productores cafeteros. El hijo de Don Elías nos recibió y nos guió por su finca, conversando sobre las bondades, las dificultades, los retos y el futuro del café. En las orillas del río Quindío compartimos naranjas, limas, plátanos, aguacates y por supuesto el mejor café que habíamos probado hasta el momento en Colombia. Colombia es el mejor productor de café, pero sin ofender a nadie y en nuestra pequeña experiencia en Colombia, muy pocos colombianos saben prepararlo. Hasta antes de Don Elías nuestra historia con el café era aguado, soluble y tan dulce (sí! te sirven al café ya con azúcar) que más que café parecía agüita de vieja como postre.

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Salento es de esos pueblitos a los que uno se imagina viviendo ahí y desarrollando emprendimientos. Nos fuimos de Salento sin antes hacer más contactos y visitar una de las zonas más pintorescas e importantes para la conservación.

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