Barú, la cima de Panamá

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Como muchos atractivos que han brotado en nuestro camino, el gran volcán Barú se presentaba como todo un enigma. Habíamos escuchado de todo, y no sabíamos realmente que esperar. Decidimos acudir a operadores turísticos en busca de aclaración. Salimos más confundidos todavía. El costo por persona por subir caminando con un guía era 80$, y según nuestros informantes la única manera de hacerlo ya que era prohibido ingresar sin guía debido a su dificultad. No tenía sentido. Carros 4×4 llenos de turistas subían por el camino hasta la cumbre. ¿Que tan difícil podía ser?

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Con la confianza de dos ecuatorianos que tienen algo de experiencia en montaña (uno más que otro) y considerando que con una altura de 3475 msnm el volcán es un poco más alto que la ciudad en la que crecimos, decidimos ver por nosotros mismos cual era la realidad del volcán más alto de Panamá. El guarda parques nos recibió a las 5:30am con una motivadora sonrisa, nos registró y nos deseó buena suerte. Una vez más volvimos a probar que no hay como confiar en la información turística, sobre todo cuando hay interés económico de por medio.

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Y así, con energías recargadas, un espectacular amanecer y felices por no habernos rendido, decidimos comenzar a caminar, y ver a donde y hasta donde nos llevaban nuestros pasos.

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Caminamos, caminamos, vimos un majestuoso Quetzal (ahora sí los dos), seguimos caminando, desayunamos una deliciosa bola de avena (nueva y poderosa receta), volvimos a caminar, y así de repente se cumplieron los 13 km. Habíamos llegado a la cumbre de Barú, a la cumbre de Panamá, que olía a páramo ecuatoriano.

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Disfrutamos de ese momento tan especial que te regala la cumbre, ese sentimiento de libertad, de silencio, de pureza, de alivio y sobre todo de paz.

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Hasta ese momento, la dificultad de la expedición nos había parecido bastante moderada, requiere un esfuerzo físico bastante grande, pero el camino hasta la cumbre fue relativamente bueno. No nos esperábamos que la dificultad se encontrara en la bajada. Debido al tipo de suelo de roca suelta tipo ripio era imposible bajar con el efectivo semi-trote. Debías ir lento y con freno de mano, dos palos que encontramos en el camino nos sirvieron de soporte y nos salvaron de varias y probablemente dolorosas caídas.

Fue eterno. Llegamos exhaustos pero felices de cumplir con nuestra primera cumbre del viaje, y muy agradecidos de tener una casita cómoda y caliente en la cual cobijarnos de los indomables vientos descendientes del ya lejano Barú.

 

¿De Colombia a Panamá? Hay que mirar pa´ver (Parte 1)

Después de pagar 45.000 COP de sobrepeso por nuestras maletitas nos embarcamos en una lancha rápida Vía Capurganá. Por fin nos dirigíamos hacia el paraíso tan ansiado, playas prístinas a la falda de bosques poco intervenidos del majestuoso y como vendríamos a conocer, peligroso, Darién. En este edén planeábamos disfrutar nuestra última semana en Colombia. Pero como un viajero sabiamente nos dijo: “¿Quieres hacer reír a Dios? Cuéntale tus planes. Seguro estaba retorcido de tanta carcajada.

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Una interminable hora en lancha rápida en mar abierto pensamos que era un precio justo que pagar por llegar a la aislada costa de Capurganá. La playa virgen de nuestros deseos fue abruptamente reemplazada por un puerto desordenado e infestado de gente. Nuestras caras no podían esconder el shock. Intentando sobreponernos, decidimos continuar a Sapzurro, el siguiente pueblo costero del Chocó que parecía ser menos concurrido. No podíamos avanzar sin tener nuestro sello de salida de Colombia en Capurganá, así que durante una hora hicimos fila bajo un poderoso sol de mediodía. Parecía que nos habíamos metido al mar con todo y mochilas cuando por fin nos atendió el oficial de migración, a quién no se le ocurrió comentarnos (antes de sellar nuestra salida) que una vez realizado el trámite teníamos 48 horas para salir de Colombia.

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Con la intención de sacarle el jugo a nuestras últimas horas y con un espíritu mochilero inquebrantable (que nos instó a ignorar las recomendaciones de los locales) decidimos realizar el cruce hacia Sapzurro por tierra, una caminata de alrededor de 3 horas a través del bosque montañoso. A la media hora de iniciar nuestra proeza, nos cruzamos con un chico que venía desde el lado contrario. Al ver nuestras intenciones, nos urgió a considerarlo, el camino empinado y lodoso le había costado 4 horas de caminata, esto, sin una refrigeradora a su espalda. No necesitamos de más insistencia, y la verdad nuestras espaldas nos agradecieron enormemente al subirnos a una lancha que nos llevó en menos de 10 minutos a Sapzurro. En el trayecto conocimos a Doña Marlene, dueña del hospedaje “Las Higueras”, quién nos ofreció un cuartito de lo más pintoresco a precio de camping.

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Sin intención de desperdiciar nuestras últimas 48 horas, nos dirigimos hacia Cabo Tiburón, la playa más bonita de Sapzurro. Nuestro ansiado paraíso seguía siendo reemplazado por la triste realidad de nuestras costas. Que angustia encontrar que la playa más bonita, que realmente goza de una belleza única, está cubierta de basura. Basura que debido a la poca concurrencia que vimos, tuvo que haber venido del mar. Normalmente recogemos la basura que encontramos en las playas… esta vez no sabíamos por donde comenzar. Los plásticos de un solo uso, que problema tan destructivamente egoísta enraizado en nuestros hábitos del día a día. Que impotencia, que dolor sentir el conformismo, el “que me importa”…. Tema polémico con chispas de esperanza para un futuro post.

Regresamos al pueblo cabizbajos, pero con una preocupación más urgente en mente. ¿Cómo cruzamos de Colombia a Panamá? Una pregunta que nos veníamos haciendo desde Necoclí y a la que las pocas y diversas respuestas que obteníamos podían ser resumidas en el característico dicho colombiano “hay que mirar pa´ver”. Para información confiable tuvimos que refugiarnos en turistas extranjeros. Así fue como nos enteramos que el cruce a Panamá por mar tiene un costo de 100$ por persona, que en migración Panameña piden entrar con 500$ en efectivo por persona (para probar solvencia), que no hay cajeros electrónicos hasta Ciudad de Panamá, y para “aliviar” la situación, no hay como salir de Sapzurro a Puerto Obaldía (el pueblo con oficina de migración Panameña) sin tener al menos 4 personas para cubrir los costos de la lancha.

Como viajeros, al estar tan expuestos y en constante movimiento, nos trasladamos con el efectivo necesario. ¡¿Qué mochilero lleva 1000$ en efectivo?! Con el tiempo encima, inició el conteo regresivo . Corriendo por todo Sapzurro logramos encontrar dos turistas más para la lancha (√) Encontramos un señor que ofrecía el servicio para sacar dinero con tarjeta de crédito (¡¡¡al 19% de impuesto!!!) (√) Encontramos un bote con suficientes turistas para Puerto Obaldía(√).

Nos fuimos de Colombia, o mejor dicho salimos huyendo de Colombia.

Antes de pasar a la segunda parte de la historia, unos valiosos consejos para los pobres diablos que quieren cruzar de Colombia a Panamá por mar:

*El último cajero en Colombia es en Necoclí o e Turbo.

*Si ya estás en Capurganá y no tienes el efectivo suficiente busca a Ariel Palacios (un abusivo extorsionador que se cree mejor que banco Suizo) pero que te sacará del apuro.

*El costo de transporte aéreo de Puerto Obaldía a Ciudad de Panamá es de 100$. Sale solo los martes y jueves y tiene 7 espacios por lo que tienes que reservarlo con anticipación.

*El costo en lancha de Puerto Obaldía a Cartí (el primer pueblo con carretera hacia Panamá) tiene un costo de 110$ por persona + 20$ de impuesto a los Kuna Yala +25$ de transporte de Cartí a Panamá. (Si quieres quedarte en el archipiélago de San Blas, esa es otra historia)

*Anda con tiempo y dispuesto a la aventura, ya que quién sabe cuándo consigas otros pobres turistas (que se hayan atrevido a cruzar sin tour) para que las lanchas se dignen en salir.

Requisitos de migración Panameña:

*500$ en efectivo como prueba de solvencia económica para ingresar

*Reservación de ticket de salida (bus o avión)

*Carnet de fiebre amarilla

*NO HACER MUCHAS PREGUNTAS

¡¡¡SUERTE!!! (Es necesaria)

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