Gambira, refugio entre piedras

Problemas técnicos con la computadora acortaron nuestra estadía en Palomino y nos llevaron a la creciente ciudad de Santa Marta en busca de un salvador, que más que salvador fue un verdugo. El disco duro estaba quemado. Consternados por que nuestra herramienta de trabajo y con la que ya habíamos realizado algunos intercambios estaba temporalmente suspendida, “decidimos” tomarnos unas vacaciones forzadas de la pantalla, que al menos yo después de años de estar atada a una computadora, necesitaba.gHAMBIRA

El momento no pudo haber sido mejor, ya que esta desconexión fue justa y necesaria para poder entregarnos sin barreras al mundo de Gambira. Una semana de voluntariado en nuestra segunda Eco Yoga Aldea dirigida por Hare Krishnas la que esta ubicada a 45 minutos de Santa Marta en Bonda.

Después de agarrar 2 mototaxis que nos metieron cuento de que la subida hacia Gambira era demasiado larga y empinada, llegamos a la aldea que se hallaba refugiada en las laderas de la Sierra Nevada. La Madre Ishodian, “Jardín Hermoso”, nos recibió con la amabilidad y alegría tan común de los practicantes de la religión Vaishnava. Recorrimos los alrededores, meditamos sobre unas viejas y enormes piedras bajo la sombra de un majestuoso Caracolí y nos instalamos en nuestro cuartito en una choza tipo Kogui.

CARACOLI

Desde una alimentación estrictamente vegetariana y bendecida, hasta la creación de la Universidad de Sabiduría Ancestral, sus devotos nos han sorprendido por su desinteresado, entregado y alegre compromiso con la protección y veneración a la Madre Tierra. Entre algunos proyectos que han salido gracias a sus esfuerzos de sus líderes esta “La Revolución de la Cuchara”, “La Casa de los Abuelos”, y el que más nos llamó la atención por su potencial de realmente generar un cambio es la UDSA. Les invitamos a conocer e involucrarse con estos inspiradores proyectos.

Mural 2

Nuestros días de voluntariado fueron llenos de espiritualidad, agradecimiento, meditación, yoga, rastrilleo, cocina vegetariana, bioconstrucción, siembra de papayas, arte consiente, lectura y tardes en hamaca. Nuestra última mañana después de una alegre ceremonia al Padre Fuego, que nos puso a bailar hasta los pulmones literalmente, nos despedimos sintiéndonos renovados y llenos de inspiración para nuestros futuros proyectos.

FUEGO

Mahavan, introspección y comunidad

Nos despedimos de la ajetreada Bogotá desde la terminal en un bus camino a Calarcá. A las 6 horas, después de transitar por una carretera que al parecer era muy conocida debido a sus deslaves y en la que pocos días antes una avalancha arrasó con el camino llevándose a un bus completo por sus más de 3000m de desnivel, llegamos a un pequeño pueblo que nos recibió con una torrencial lluvia. Después de intentar fallidamente encontrar un taxi, un amable señor calarqueño se ofreció a llevarnos hacia nuestro destino: Eco Yoga Aldea Mahavan

El camino hacia la aldea se alejaba de la ciudad perdiéndose en medio de verdes praderas que daban una sensación de libertad y paz. Aunque aún no había parado de llover, Lucero, una bella manisaleña habitante de la aldea nos estaba esperando con una gran sonrisa en la entrada.

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Mahavan, una comunidad a las afueras de la Armenia, es una propiedad de alrededor de 7 hectáreas que fueron devueltas a nuestra madre tierra, las que cuentan con un bello paisaje que es considerado como patrimonio inmaterial de la humanidad. Es un lugar sagrado en el que se vive un objetivo en común: la conexión con la Pachamama y con el ser interior.

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A través del programa de voluntariado se busca romper las barreras y sugestiones que nos separan como humanos. Las horas de servicio buscan compartir experiencias, aprendizajes y crear nuevos y enriquecedores conocimientos. Nuestras actividades variaron según nuestros deseos, desde trabajar en el jardín, preparar una comida vegetariana deliciosa, hasta volver a hacer un mural.

Nuestro camino nos ha encontrado con personas muy bellas, interesantes y con un estilo de vida admirable. Unas de ellas fueron las Doritas, dos maravillosas mujeres fanáticas de las aves, que volvieron a despertar en Andrés las ganas de “pajarear”. Todas las mañanas antes de las 6am ya estaban en pie investigando los alrededores de Mahavan en busca de las aves que habitaban la aldea. En una de sus salidas, emocionados por seguir el rastro de un carpintero endémico de la zona, decidieron acortar sendero y se metieron por donde no debían, lo que dio como resultado una sesión de acupuntura no deseada para Andrés, cuando fue atacado por más de 20 avispas.

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Aparte de nuestro servicio, que era 4 horas al día, teníamos acceso a diferentes actividades y talleres como masajes terapéuticos místicos (en el que el “pobre” Andrés tuvo la suerte de ser la víctima masajeada), meditación con cuencos tibetanos, meditación zen, yoga, partidos de fútbol y hasta compartir una película como en familia. Todas estas actividades acompañadas por los bellos habitantes de Mahavan humanos y no humanos (Lola y Lala, las perritas; Surabi, la vaca y Pavitrán el pavo real), hicieron de nuestra semana una experiencia realmente enriquecedora para nuestra mente, cuerpo y espíritu.

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