San Cristobal y su gente linda

Después de una noche en autobús, llegamos a San Cristobal. Con un golpe de frío, de sueño, y de hambre, nos metimos en el primer comedor que vimos para tomarnos un cafecito que nos devuelva el alma al cuerpo. Completos, continuamos con nuestra misión de encontrar la casa de nuestro misterioso anfitrión de couchsurfing, un chico de universidad, que hacía un mes había convencido a sus papas de recibir a completos extraños en su casa,  con el argumento de que así podría viajar sin viajar.

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El barrio por el que pasamos nos dio la bienvenida con su rutina diaria, todo más lento, como en un tiempo en el que se podía soñar despierto y en el que eras amigo de tus vecinos. Veíamos cómo las pequeñas tiendas empezaban a despertar, el olor a pan, o mejor dicho, tortilla, empezaba a invadir las calles. La ausencia de autos fortalecía el sentimiento de antaño. Las calles de este pintoresco barrio de San Cristóbal se hallaban bloqueadas por las preparaciones para el festejo de algún santo, patrón de algo, que traía una excusa para poner música en las calles, vender comida, y bailar con los del barrio.

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Llegamos a una casa de cemento, esquinera, con una puerta metálica negra. Coincidía con la descripción. No había timbre. Con poco de vergüenza tocamos la puerta… nada, tocamos un poco más fuerte… los ladridos protectores de un chigüagüa nos hicieron saltar para atrás, y nos dejaron saber que no había nadie. Escribimos a Juan Carlos, quién ya había salido para su universidad y nos dijo que regresaba a las 5 de la tarde… eran las 9am. Cansados, mal dormidos, con las maletas y ojeras, no se nos ocurrió mejor solución que buscar salvación en la tiendita de barrio ubicada al otro lado de la calle.

La señora, de lo más amable, escuchó nuestro inconveniente…

Ah! Juan Carlos? Es el novio de mi hija… no me cae bien. Está en la universidad y mi hija está en el colegio todavía… es muy mayor para ella… pero que puedo hacer? Si le prohíbo es peor así que lo único que me queda es rezar para que se desenamoren… pero tranquilos, dejen sus maletas yo les cuido hasta que regresen.

Así, confiando en la bondad de extraños, libres de equipaje y de preocupaciones, empezamos a recorrer San Cristobal. Descubrimos otro pueblo mágico, pero diferente a los otros, un pueblo que irradiaba autenticidad, lucha, tradiciones y cultura, que había logrado sobrevivir la avasalladora avalancha de la globalización.

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El maravilloso sentimiento autóctono venía acompañado de un desorden y caos que aún no habíamos experimentado en México. A pesar de, y como en la mayoría de pueblos mexicanos, nos vimos absorbidos por su destello de eventos, cineclubs, charlas, talleres, degustaciones, conciertos y un variado menú abierto tan solo para los amantes del arte y cultura.

Más que satisfechos con nuestra primera exploración, regresamos por nuestras maletas, preocupados de haber abusado de la bondad de la señora de la tienda. Para nuestra sorpresa, nuestras maletas ya estaban en la casa. La familia Zimpa fue de lo más encantadora. Mamá, papá, hermana, hermano, loro, dos chigüagüas, y una casa a medio construir, pero que irradiaba un calor de hogar mucho mayor a varias casas hermosas en las que he estado.

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Esa noche, como familia, nos sentamos a cenar todos juntos. Sin pantallas, todos presentes, compartimos historias, nos reímos, fuimos testigos de una dinámica familiar alegre, llena de complicidad, humor y cariño, unidos por un sentido de comunidad y de ayuda al prójimo muy fuerte. Mamá Zimpa, sobretodo, nos conmovió con sus historias de todos los animalitos a los que había salvado a punta de agua y tortillas, desde una paloma hasta un grillito, que sí, comía tortillas.

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Con el corazón contento continuamos nuestro recorrido al siguiente día. Los dos miradores a ambos extremos de la ciudad nos brindaron una linda vista de las iglesias, arquitectura colonial y montañas aledañas. Pasamos por diferentes eventos culturales que habían llamado nuestra atención, pero nada logró despistarnos de la importante cita que teníamos esa noche. Era nuestro turno de cocinar para nuestra familia anfitriona. La que muy emocionada por probar recetas raras, invitaron a tíos, primos y a una pareja de amigos chinos.

Ya con los ingredientes listos, empezamos a preparar una cena multicultural, con recetas de diferentes partes del mundo, y sin tortillas! Para rematar, encontramos en la casa tomates de árbol, que habían comprado por curiosidad pero que no sabían cómo prepararlos. Así que nuestro ya remix tuvo ají y dulce de tomate de árbol. Un sabor que no habíamos probado en mucho tiempo, y que nos llevó de vuelta a nuestro adorado Ecuador.

La cena fue sensación (aunque igual les hizo falta las tortillas). Disfrutamos de un intercambio cultural, de un humor sano, en compañía de gente linda de corazón. Gente linda de corazón, están en todo lado. Parte de lo que me encanta de viajar es esto, te rompe los esquemas, destruye tus miedos y prejuicios. Viajar de esta manera me demuestra todos los días que las personas somos buenas y generosas de naturaleza, que debemos permitirnos volver a confiar unos en otros y así apoyarnos para crecer juntos como comunidad.

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Gracias familia Zimpa por confiar y acoger a extraños, por esta lección tan hermosa de humildad, de generosidad, de alegría, de comunidad.

Hasta la próxima!

Bienvenidos a Oaxaca

Cuando me hablaron de Oaxaca, me tomó como media hora encontrar a la ciudad en el mapa. No solo porque México es gigante, sino porque no se escribe como se pronuncia ! es rarisimo, pero ya nada me sorprende en estas tierras. Una vez ubicada OAX City como los hipsters le llaman, y con destino en mente empezamos a organizar o desorganizar el viaje.  Entre estas y las otras, conocimos a Jorge, quien por trabajo viajaba frecuentemente de Puebla a Oaxaca. Fue un viaje cómodo y entretenido. La conversa estaba de lujo. El paisaje cambiaba de montañoso con las hermosas cumbres blancas de Puebla, a valles y montañas secas y desérticas.

Lo que más nos llamó la atención, fue la caravana de migrantes centroamericanos y de todo el mundo que coincidentemente estaban pasando por ahí en su largo y difícil viaje a la frontera del norte para tratar de cumplir su sueño americano, o simplemente vivir. La caravana era gigante, nos tomó varios minutos pasarla por completo en el coche. En Mexico, es un tema muy sensible, y muy discutido. Muchos mexicanos han adoptado una opinión muy parecida contra migrantes centroamericanos, sus argumentos son los mismos de muchos estadounidenses contra migrantes mexicanos. Es interesante ver cómo se dio la vuelta la tortilla. Que dificil situacion esta pasando el mundo con respeto a los migrantes. Por el momento, lo que buscan son mejores condiciones, en pocos años, la migración será principalmente por motivos medio ambientales y climáticos. A donde van a migrar los habitantes de todas esas pequeñas naciones insulares alrededor del mundo que debido al cambio climático y el incremento del nivel del mar tendrán que abandonar sus hogares por el simple hecho de que estarán bajo agua ! A donde migran todas las personas que viven en todas las ciudades a nivel del mar? Que argumentos en contra de ellos se discutirán? Seguramente las naciones más responsables por el cambio climático serán las primeras en rechazar a estos nuevos migrantes. Pero no nos vayamos tan a futuro, estamos en Oaxaca en el 2019 … ya veremos que pasará en el futuro, solo quería dejarte el bichito para que te preguntes (si no lo has hecho ya) cual es tu postura y opinión con respecto a la migración? Te dejo un link si deseas leer un chance mas.

https://migracionesclimaticas.org/

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Al llegar a la ciudad, Jorge fue como chofer privado, nos dejó literalmente en la puerta de nuestro hospedaje, su hospitalidad no terminaba ahí, en la noche nos invitaba a cenar! Sin perder tiempo, nos instalamos en nuestro nuevo pequeño cuartito y enseguida salimos a explorar. Lo primero que hicimos fue comer las famosas Tlayudas! Un remix entre tortilla, taco, pizza, y calzón. Lo mas rico, fue la salsa de guacamole, pero la Guz sufrio las consecuencias de un guacachile. Tengan cuidado, aca le ponen chile (aji o picante) hasta al guacamole.

Nos encontramos con Jorge nuevamente y salimos a cenar. Al principio no podíamos entender tanta hospitalidad. Después nos dimos cuenta, y nos acordamos que existe mucha mucha gente buena todavía en este mundo, y que sin nada a cambio te regalan su tiempo, compañía, conversa, y hasta te tratan como a “guagua”. Jorge trabaja visitando doctores para vender sus productos farmacéuticos. Tal cual la película Love and Other Drugs, pero sin actores nominados al Oscar ni pastillitas azules. De lo que entendimos su producto era para pacientes psiquiátricos. Jorge al día siguiente tenía que hacer varias vueltas de visita y tenía que salir de la ciudad a las zonas rurales para encontrarse con clientes y visitar varios hospitales. Nos apuntamos para hacerle compañía de paso  visitar las zonas rurales e indígenas de Oax, pero en vez de ir a los sitios más infestados de turistas, visitamos lo más autóctono. Conocimos un taller tradicional de fabricación de Alebrijes, para los que no saben, son esculturas folklóricas surreales, de todos los tamaños, que representan criaturas fantásticas representadas con infinidad de colores y formas. Maravillados una vez más, con la explosión de creatividad representante de la cultura mexicana, nos quedamos horas analizando cada figura, e imaginando un mundo de mágico de Alebrijes.

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En una segunda parada conocimos la mundialmente celebrada cerámica de barro negro, y pudimos apreciar el minucioso trabajo elaborado por las hábiles manos de los artesanos de San Bartolo de Coyotepec.OLYMPUS DIGITAL CAMERA

Queremos agradecer a Jorge por su extrema bondad y generosidad, y por recordarnos que sin importar las condiciones, podemos siempre sacar nuestro lado amable, positivo y generoso.

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Oaxaca está increíblemente tradicional, bohemia, hipsterosa. Nos faltó tiempo para recorrerla, hemos ya casi definido que volveremos muy pronto, quien se viene con nosotros?

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Guanajuato, la ciudad de gradas y callejones

Viajamos como voluntarios, intercambiando experiencias, conocimientos, conviviendo con locales, y más que nada haciendo ecoturismo. En México, (y me refiero al país, porque acá coloquialmente se refieren a México como a la ciudad capital mas no al país) nos hemos sumergido en un ámbito más cultural. Cómo no hacerlo si en cada esquina, en cada rincón hay eventos y oportunidades para explorar e inspirarnos. Ahora no es suficiente, queremos más y más, y tenemos tanta suerte que lo que pedimos y soñamos se hace realidad. (Estamos a punto de comprar la lotería)

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Llegamos a Guanajuato, sin querer queriendo en los días de clausura del Festival Cervantino, que resulta ser el festival cultural y artístico más grande e importante de América. Tuvimos suerte (como ya es costumbre) porque la ciudad estaba repleta y no había hoteles, hostales, pensiones, ni AirBB tenía opciones. Pero conocimos a Alexis, un joven de Aguas Calientes que vive y estudia en Guanajuato que nos pudo rentar una habitación en su mini depar. Fue un ganar-ganar porque Alexis estaba a punto de graduarse y necesitaba unos pesos extras. Como ya es costumbre, nos quedamos más de lo planificado. Fue buenazo porque porque con eso, Alexis tuvo suficiente para su traje de graduación. Llegar donde Alexis fue como llegar a la casa de un primo, todo natural y espontáneo.

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Para ser sincero, no conocíamos nada nada al respecto de Guanajuato, fuimos por muchas recomendaciones, y atraídos por quién sabe que. Fue una muy agradable sorpresa. Ya instalados y con barriga llena después de un largo viaje, salimos a caminar y explorar. La ciudad entera estaba de fiesta. El centro de la ciudad tiene full callejones, parece que estás dentro de una película de terror o misterio. Seguramente el pasado histórico de Guanajuato se mantiene de alguna forma vivo aún. Guanajuato es cuna de la independencia y de momias, está repleta de arquitectura colonial, inclinados callejones empedrados y con infinitas gradas.

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La ciudad nos recibió de fiesta, hay que decirlo dos veces! En cada esquina, plaza, rincón se lo sentía y vivía. El Festival internacional Cervantino es la actividad artística y cultural más importante de México y América, esto también hay que repetirlo 2 veces! El Festival, por su consolidación en el ámbito internacional de las artes escénicas, ocupa un lugar muy especial entre los festivales de su tipo más importantes a nivel mundial. No lo digo yo, lo dice su trayectoria y su página web. En este festival converge la música, la ópera, el teatro, la danza, las artes plásticas, la literatura, los medios audiovisuales, la misma ciudad es una obra de arte! Para este año (2018) el país invitado fue India. Más y más señales nos jalan para allá, aunque también sentimos energías que nos jalan paras África, y un conciertazo de un grupo de Ska del Congo del grupo Jupiter y Okwess confirma nuestras intenciones de ir a ese hermoso continente. Tampoco podía faltar talento ecuatoriano, entre una cartelera de gigantes estaba Papá Changó! Diversidad, riqueza cultural universal, fiesta y una acogida auténtica por parte de los locales no solo nos invita pero obliga a regresar a Guanajuato. Quién se apunta para volver en 2 años para el 50avo aniversario del Festival Cervantino?

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El Festival no fue todo. No podíamos irnos sin participar en las famosas callejoneadas. Dicen que si vienes a Guanajuato y no callejoneas, es como si no hubieras estado en la ciudad. Tienen muchas razón. La ciudad tiene más de 3500 callejones, siendo el callejón del sexo, perdón del beso (chiste local) el más famoso. La callejoneada es un recorrido amenizado por una estudiantina. La estudiantina es un conjunto musical tradicional formado por estudiantes universitarios que cantan canciones populares acompañados de diversos instrumentos. Es toda una experiencia y espectáculo. Se canta, se baila, y se realizan pequeñas pero significativas y muy humorísticas serenatas a las mujeres. Se pasa por el callejón de Constancia, el callejón del salto del mono, el callejón de la luz, el callejón de La Barranca, llegando en el final al callejón del beso, donde si no tienes pareja, igual te besan! Es difícil narrar o explicar, tienen que vivirlo. Así, sin descansos, entre shows, fiestas, conciertos y sorpresas, nos pasó volando el tiempo.

Te extrañamos Guanajuato. Nos vemos en 2 años.

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