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Viendo estrellitas en Bocas del Toro

Fotor_15210738092199Vamos a viajar en el tiempo. Salimos de Panamá y cruzamos a Costa Rica, y con la excusa de trámites de visado y permisos de estadía regresamos a Panamá, a nada más ni menos que a Bocas del Toro. El trajín de cruzar la frontera quedara para el siguiente post.

Comenzare el relato en Almirante, un poblado que tuvo mejores días. La última vez que estuvimos aquí salimos corriendo, esta vez sí agarramos la lancha para llegar a Bocas.

Este relajado archipiélago al más estilo caribeño tiene un encanto único. Aquí las palmeras y el agua cristalina son el común denominador en las playas. La capital de toda la provincia es Bocas Town en isla Colón, con coloridas casitas con puertos privados, hoteles, hostales, restaurantes, y tráfico de bicicletas, y más supermercados que 7 elevens en Kao San Road.

Cuando pensábamos que Panamá no podía estar mejor, nos sorprendió nuevamente.

Bocas es caro, pero viniendo de Costa Rica, Panamá es un alivio. De todas maneras tours y actividades organizadas están generalmente fuera de nuestro presupuesto, y no son del todo nuestro estilo, así que como de costumbre decidimos explorar por cuenta propia.

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Nuestro campamento fue la Y Griega, un peque hostel donde hay más reglas que un campeonato de esgrima olímpico. Nos preguntamos qué experiencias y que habrá pasado para tener todo tan estrictamente controlado. Estando en Bocas y con su reputación de Ibiza panameño, podría ser cualquier cosa. Yo soy medio obsesivo compulsivo con el orden entonces estuvo perfecto, aunque no podíamos madrugar tanto como queríamos ya que abrían la cocina recién a las 8:30 am.

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La primera playa que exploramos fue Bluff Beach. Es la más extensa y la más hermosa de Isla Colón, también es relativamente aislada, tiene bosques prístinos y lo mejor de todo ¡vacía de multitudes! Caminamos por unos 3 Km hasta llegar a esta playa de arena dorada, he hipnotizados por el paisaje, y el crujir del mar, el viento agitaba las hojas de palmeras y nos guiaba a donde ir.  Seguimos y seguimos caminando eternamente hasta encontrar nuestro parchecito frente al mar.

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Lo único que podía mejorar a esta playa era encontrar vida silvestre, y lo hicimos. Perezosos y aulladores disfrutaban la acuarela de azules del mar colgados de Almendros. Descubrimos también que esta playa es protegida por la comunidad por ser un importante spot de anidación de tortugas Baula, nuestra nueva mejor amiga!

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Bocas del Drago y Playa Estrella son otras playas interesantes de la isla. Un poco más lejos que Bluff a 14 Km son el target de la mayoría de turistas y visitantes que realizan los “day tours”. Nosotros decidimos caminar e intentar que alguien nos lleve. No fueron 5 minutos que un Buick con placas de USA, un Hindú manejando, 2 locales y cargado de chucherías nos paró.  Con tantos rides extraños que hemos tenido no nos sorprendió. El corto camino sacudido camino fue entretenido por conversaciones de conspiraciones. Las cobachas, el happy hour, la música y el olor a Hawain Tropic delatan la popularidad y el cliché de las playas caribeñas. Tal cual turistas no podíamos salir de aquí sin tomar 1000 fotos de las estrellas de mar.

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Asoleados, con arena y sal empezamos a regresar caminando como ya es costumbre, y quién sabe si por el olor a callejeros, los perros se nos pegan y nos acompañan en nuestras andanzas.

Se venía el estallido entonces hicimos auto stop. Sabemos que tenemos pendiente el post de las jaladas de dedo más extrañas, pero les adelanto que en este ride conocimos al TIGRE de Isla Colón y a su pandilla.

En Bocas Town existe un proyecto que desde el comienzo del viaje nos llamaba la atención. Plastic Bottle Village. Lamentablemente a veces donar tiempo, energía, mano  de obra, intelecto y buena vibra no es suficiente para concretar voluntariados. De todas formas ya estando en Bocas Town nos quitamos las ganas y el bichito de al menos si no podíamos participar en el proyecto conocerlo.  http://www.plasticbottlevillage-theline.com/

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Aquí hicimos una excepción. Después de meses ya de viajar, y aprovechando que era luna nueva, que habíamos podido ahorrar un poquito, y bueno estando de luna de miel, nos fuimos a buscar bioluminiscencia con los piratas.  Lástima que sea casi imposible tomar fotos de este fenómeno (sin equipo especializado) y que solo se lo imaginen con este relato. Ya sé lo que Henry Tillman vio cuando Mike Tyson lo noqueó en uno de los más famosos KO del mundo el boxeo: estrellitas!

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imagen: istockphoto

El mundo natural está lleno de misterios y de magia, y es nuestro deber entrenar nuestra curiosidad para explorar. Uno de los fenómenos más impresionantes es la bioluminiscencia. Qué es? El proceso en el cuál organismos producen luz a través de procesos biológicos. https://blog.arkive.org/2016/12/the-mystical-magical-world-of-bioluminescence/

https://www.brackengrissomlab.com/single-post/2016/07/20/Bioluminescence-Cruise-Deep-Sea-Lights-Blog-6

El cielo esta despejado en su totalidad y las luces de Bocas Town quedaban cada vez más y más lejos y desapercibidas.  El sonido del motor pasaron a vibraciones de remo mientras la pequeña embarcación se escabullía entre los manglares en los canales de los islotes.

Solo el agua marcaba la diferencia entre el cielo y el mar, así de estrellada estaba la noche. Nunca había sentido vértigo en el agua, ni siquiera en los abismos cristalinos y licuados de Galápagos. Aquí en las aguas del Parque Nacional Marino Bastimentos no se distinguía donde comenzaba el cielo y el mar. Completamente a oscuras nadamos mientras nuestros cuerpos se iluminaban al contacto de organismos bioluminiscentes. Fue sublime!

El Camino del Agua – Omar Chiriboga

Pensamientos de Omar Chiriboga

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Foto: María José Guzmán @la.guz
Desde tiempos inmemoriales los exploradores han buscado y seguido el camino del agua. El cuerpo humano te deja saber que necesitas del liquido vital para poder sobrevivir. Una persona saludable podría sobrevivir hasta 7 días sin consumir agua, y hasta 21 días sin consumir alimentos. Hay que anotar que estos datos consideran situaciones o condiciones benignas al cuerpo (sin estar expuesto a temperaturas asfixiantes, o ejercicio físico de consideración). Esto quiere decir que si las condiciones no son favorables, (temperaturas muy bajas, o altas) (enfermedades), este tiempo se vería reducido considerablemente. Estos datos nos dicen algo que todos sabemos es evidente, el agua es vital para el ser humano.

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Foto: María José Guzmán @la.guz
En las expediciones espaciales en las que se encuentra la humanidad hoy en día, hay un objetivo importante de por medio, buscar agua en otro planeta. Aquí deberían surgir varias preguntas, ¿Por qué necesitamos buscar agua en otros planetas si en la Tierra tenemos alrededor del 70% de nuestra superficie cubierta de agua? ¿A quien le interesa largarse de la Tierra y colonizar otro planeta (Marte)?
Voy a empezar por responder la segunda pregunta. ¿A quien le interesa vivir en otro planeta? A la raza humana, a ti, a mi, a nuestra civilizacion. ¿Y por que nos interesa buscar otro planeta? El astronauta Donald Pettit respondio esta pregunta de manera sencilla y directa “Si los dinosaurios hubieran explorado otros planetas, hoy seguirían con nosotros”. Pero es difícil imaginar que estamos cerca de una extinción masiva, si la ciencia ha avanzado tanto hoy en dia, que de seguro podríamos saber el fin de nuestros tiempos en esta Tierra.
¿O tal vez no?

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Foto: María José Guzmán @la.guz
Al 6 de febrero del 2018, la Ciudad del Cabo (Cape Town), en Sudafrica, se encuentra inmerso en una sequía prolongada de tres años. La ciudad de 4 millones de habitante que algún día fue un ejemplo de uso adecuado del agua, que tiene 6 represas monumentales para abastecer del liquido vital a sus habitantes, estaba listo para todo, menos para una sequía. Las represas están operando al 13% de su capacidad, y al ritmo de consumo de agua que van hoy en día de 50 litros por persona por día. Para que tengan una idea de lo que significa 50 litros, tomen en cuenta que cuando jalan la cadena del baño, en el mejor de los casos están botando 6 litros de agua (si su inodoro es de nueva tecnología). Inodoros mas antiguos pueden usar de 10 hasta 15 litros por cada jalón de cadena. Los habitantes de Ciudad del Cabo esperan quedarse sin agua a mediados del mes de abril del 2018, es decir, están esperando el fin de su vida como la conocían.

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Foto: http://www.702.co.za/articles/270723/weather-forecasting
Ciudad del Cabo es una ciudad moderna, la segunda ciudad más importante de Sudafrica después de Johannesburgo. El desabastecimiento de agua provocara que 4 millones de personas empiecen (si es que algunos no empezaron ya) una odisea por encontrar agua. Estas personas deben empezar una expedición para buscar otro sitio en este planeta abundante que pueda abastecerlas del liquido que todos necesitamos. Imagínense ustedes que ahora se encuentran sentados detrás de su computador, leyendo esto, y están obligados a migrar de su hogar por que ya no hay agua con la que puedan subsistir. Es un problema real, tangible, y tenebroso. Recordemos que solo tenemos 7 días de subsistencia sin consumo agua en el mejor de los casos. Es un problema de vida o muerte.
Si expandimos este problema a nivel global, (algo que es posible imaginar gracias a los niveles de consumo de recursos que los seres humanos tenemos), nos podemos dar cuenta que de verdad estamos mas cerca del fin de los tiempos de lo que realmente podemos imaginar. Es posible que el astronauta Donald Pettit tenga razón al haber hecho tal afirmación en los años 2000. Capaz que no solo deberíamos buscar el camino del agua en nuestro planeta, sino en otros planetas, para asegurar la prolongación de la civilización humana.

Mientras eso ocurre, nosotros los terrícolas tenemos una misión muy importante, cuidar, preservar, y dar buen uso al agua que tenemos a nuestro alrededor ya que, como dicta la historia que se esta desenvolviendo en estos momentos, es posible quedarse sin agua, y llegar a “la hora cero”.

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Comer para ser – Omar Chiriboga

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Si alguna vez escucharon la frase “somos lo que comemos”, se han preguntado a que se refería esta gran frase? La abuelita alguna vez les dijo que coman todos los vegetales, o que se acaben la sopa si querían que les sirvan el postre. Si comemos basura, nuestro cuerpo se convertirá en un basurero, y si no, nuestro cuerpo reflejara lo que le alimentamos. Efectivamente, suena bonito, es convincente, pero, como llegar a los detalles de esto. Aquí una pequeña explicación. El ser humano esta compuesto por células, de diversos tipos y tamaños, y cada una con una función especifica que la lleva a cabo durante nuestra existencia. A pesar de que tenemos millones de células humanas, tenemos inclusive mas células de organismos unicelulares que están pegados a nuestro cuerpo, en distintas áreas, y en todas las áreas. Si no lo creen, o creen que esto es absurdo, pues les doy un poco de pruebas. Si usan desodorante, es por que tienen bacterias en las axilas. El desodorante no hace nada mas me maquillar el olor que producen las bacterias que han colonizado esta área del cuerpo. Por que huelen las axilas? Por que hay poco aire circulando en esta área del cuerpo, se crea un microambiente de humedad, mas el sudor del cuerpo, agregando la tan agradable temperatura de 37C, pues tienen un gran caldo de cultivo. Si nos vamos a otras partes del cuerpo como, por ejemplo el sistema digestivo, vamos a encontrar una gran cantidad de bacterias que viven junto a nosotros. Si, tu tienes bacterias en tu sistema digestivo. La gran noticia es que por lo general nuestro cuerpo esta poblado de bacterias que son benéficas, son buenas, y nos ayudan a llevar a cabo procesos como la digestión, de manera adecuada y eficiente. Las bacterias las pueden ver como maquinas procesadoras. A las bacterias se les entrega alimento, y ellas la van a transformar en algo distinto. Si es que a las bacterias que viven en nuestro sistema digestivo se les entrega alimentos saludables, ellas la transformaran en otros productos, que luego serán asimilados por las células humanas, y así seguirán estos alimentos nutriendo, o intoxicando al cuerpo humano. Creo que todos tienen claro estas ideas, ingerimos un alimento, los alimentos pasan por el sistema digestivo, toman contacto con las bacterias (flora bacteriana), y luego se nutren a las células humanas. De aquí en adelante las cosas se ponen un poco mas complicadas, pero voy a tratar de explicarlo. Primero tenemos que reconocer ciertos aspectos que son claves en nuestro sistema digestivo. En el sistema digestivo co-habitan alrededor del 70% de las células que son parte del sistema inmunológico. Esto quiere decir que hay bacterias que interactúan de manera directa entre los linfocitos (glóbulos blancos) en el sistema digestivo. Los glóbulos blancos son el ejercito protector en el ser humano. Los neurotransmisores son moléculas que son utilizadas por el cuerpo humano para transmitir señales de una célula a otra mediante un proceso llamado sinapsis. El 75% de los neurotransmisores son producidos en el sistema digestivo. La serotonina, uno de los neurotransmisores responsables por el sentimiento de felicidad, es producido en un 95% por el sistema digestivo. “Barriga llena, corazón contento”, debería ser actualizado a “bien alimentado, gran producción de serotonina”. Todo esto sabemos hoy en día gracias a la tecnología con la que contamos, sin embargo, este conocimiento de que somos lo que comemos, y la importancia de una buena alimentación ha sido parte del conocimiento del ser humano desde siempre. Y por que hoy en día es importante recordar esto, es por que la manera en la que consumimos nuestros alimentos, el estilo de vida, y la influencia externa han cambiado nuestros hábitos de consumo. No podemos negar que nuestros abuelos querían que comamos toda la sopa, que terminemos de comer todos los vegetales, incluida las remolachas. Pero siempre nos vimos tentados por comer la salchipapa de la seño de la esquina. Ahora, si queremos complicar un poco mas el panorama de las bacterias y el ser humano, estudios recientes han demostrado que hay mas o menos 1.5 bacterias por cada célula humana. Si multiplican ese factor por la cantidad de células humanas, van a tener millones de bacterias. Lo interesante de esto no es la cantidad de bacterias que existen en el cuerpo humano, si no la diversidad de bacterias que existen. Los científicos han podido determinar la diversidad de bacterias mediante estudios genéticos. Estos estudios encontraron que en el ser humano hay 22000 genes, mientras que las bacterias que viven en nosotros hay 3.3 millones de genes. Si pensamos en los genes como una maquina que produce una proteína, y cada proteína como la responsable de crear a su vez enzimas, hormonas, e intermediarios químicos que son utilizados en el cuerpo humano, pues el resultado es que somos 99% el resultado de los microbios a través de su expresión genética, y 1% el resultado de nuestros propios genes. Dependiendo de como lo vean, somos lo que comemos, o somos lo que alimentamos a nuestras bacterias, y lo que sale de ellas y es utilizado por nosotros. La diferencia es que antes veíamos a las bacterias como algo indeseable, pero en verdad, la felicidad, la salud, y el buen aprovechamiento de los alimentos depende de ellas, en una manera muy intima y directa. Comerán la sopita y todos los vegetales, comer para ser.

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Barú, la cima de Panamá

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Como muchos atractivos que han brotado en nuestro camino, el gran volcán Barú se presentaba como todo un enigma. Habíamos escuchado de todo, y no sabíamos realmente que esperar. Decidimos acudir a operadores turísticos en busca de aclaración. Salimos más confundidos todavía. El costo por persona por subir caminando con un guía era 80$, y según nuestros informantes la única manera de hacerlo ya que era prohibido ingresar sin guía debido a su dificultad. No tenía sentido. Carros 4×4 llenos de turistas subían por el camino hasta la cumbre. ¿Que tan difícil podía ser?

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Con la confianza de dos ecuatorianos que tienen algo de experiencia en montaña (uno más que otro) y considerando que con una altura de 3475 msnm el volcán es un poco más alto que la ciudad en la que crecimos, decidimos ver por nosotros mismos cual era la realidad del volcán más alto de Panamá. El guarda parques nos recibió a las 5:30am con una motivadora sonrisa, nos registró y nos deseó buena suerte. Una vez más volvimos a probar que no hay como confiar en la información turística, sobre todo cuando hay interés económico de por medio.

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Y así, con energías recargadas, un espectacular amanecer y felices por no habernos rendido, decidimos comenzar a caminar, y ver a donde y hasta donde nos llevaban nuestros pasos.

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Caminamos, caminamos, vimos un majestuoso Quetzal (ahora sí los dos), seguimos caminando, desayunamos una deliciosa bola de avena (nueva y poderosa receta), volvimos a caminar, y así de repente se cumplieron los 13 km. Habíamos llegado a la cumbre de Barú, a la cumbre de Panamá, que olía a páramo ecuatoriano.

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Disfrutamos de ese momento tan especial que te regala la cumbre, ese sentimiento de libertad, de silencio, de pureza, de alivio y sobre todo de paz.

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Hasta ese momento, la dificultad de la expedición nos había parecido bastante moderada, requiere un esfuerzo físico bastante grande, pero el camino hasta la cumbre fue relativamente bueno. No nos esperábamos que la dificultad se encontrara en la bajada. Debido al tipo de suelo de roca suelta tipo ripio era imposible bajar con el efectivo semi-trote. Debías ir lento y con freno de mano, dos palos que encontramos en el camino nos sirvieron de soporte y nos salvaron de varias y probablemente dolorosas caídas.

Fue eterno. Llegamos exhaustos pero felices de cumplir con nuestra primera cumbre del viaje, y muy agradecidos de tener una casita cómoda y caliente en la cual cobijarnos de los indomables vientos descendientes del ya lejano Barú.

 

Al colorido ritmo de Boquete

Nuestro paraíso en Las Lajas duraba de lunes a jueves ya que desde el viernes esta ancha y solitaria playa se veía secuestrada por millones de locales, sus autos y parlantes. Nos fuimos para que nuestra impresión quedara intacta.

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Tres horas más tarde, volvía a sacar la poca ropa de frío que llevaba en mi mochila y la que realmente esperaba no tener que volver a ver. Una leve llovizna nos daba la bienvenida a Boquete.

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Nos equipamos de provisiones para un encerrón de cocina y fuimos a la que sería nuestra casa en Boquete, un mimo más por parte de los tíos panameños, que nos permitió experimentarlo como verdaderos locales.

La pintoresca y tradicional casita de madera se hallaba ubicada en la calle Arcoíris, la que haciendo honor a su nombre, nos mostró sin falta un arcoíris cada tarde de nuestra estadía. Abrimos la puerta y un inconfundible olor a casita cargada de recuerdos llegó a nuestras narices. Cada rincón tenía un recuerdo, una historia que contarnos sobre los personajes de las fotos que la acompañaban durante su soledad.

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El no tener internet y estar en una casa repleta de libros, películas de VHS y juegos de mesa nos devolvió a tiempos más lentos y de conexiones profundas. Fueron días que nos brindaron una anhelada comodidad y rutina. Un buen desayuno, una caminata al centro del pueblo, una degustación de exóticos tipo de miel o visitar un festival de flores, tomarnos un tinto, trabajar en el blog, regresar caminando, cocinar, la revancha de Scrabble al son de un clásico de Disney, dibujar mariposas, leer un poquito y a dormir.

 

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Así malcriamos a nuestro cuerpo. Los días seguían pasando y nos tocó pelear contra ese letargo al no poder postergar más las expediciones a los hipnotizantes alrededores de Boquete.

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Madrugamos, y nos fuimos en el primer bus hacia el sendero de los Quetzales, en el que al parecer, es muy difícil ver Quetzales. Sin muchas esperanzas caminamos por alrededor de 3 horas sin éxito hasta que llegamos al mirador. Empezamos a preparar nuestro almuerzo, tan desprevenidos estábamos que cuando un radiante Quetzal paso volando por encima de nuestras cabezas casi nos lo perdemos.

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A los pocos minutos llegó Hermann y su esposa, una pareja Belga con la que después de discutir sobre política y cruzar algunos consejos de viaje, empezaron a salir increíbles puntos en común. Esta pareja de europeos que encontramos en medio de un solitario sendero en el medio de la nada del norte de Panamá, había vivido en Ecuador por varios años y tenían un terreno en Archidona, el spot del planeta que por el momento, está ganando el concurso para el futuro pedacito de chakra Holguín-Guzmán. Después de cruzar datos por la posibilidad de hacer negocios en el futuro, nos informaron que estarían viajando a Ecuador la siguiente semana. No lo pensé dos veces, y abusando de su bondad, básicamente les chanté la obsoleta computadora que había sido un peso muerto en mi maleta por más de 3 meses.

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Por fin, mi maleta y mente estarían un poco más livianas.

Las Lajas, ¿un paraíso perdido?

Los conductores de los buses y “busitos” como les dicen aca en Panamá, son nuestros amigos e informantes. Conocen las rutas, las distancias y a las personas indicadas. Con tanto trajín y movimiento, habíamos “perdido” el teléfono móvil en 1 de los varios buses que tomamos ese día. De este inconveniente aprendería una lección muy importante por parte de la Guz: cubrir hasta la última posibilidad, por más ridícula o imposible que sea, para tratar de recuperar el indispensable pedazo de tecnología. Esperamos en la única parada del pueblo, a cada busesito que hacía el recorrido. 1 chofer tenía una pista. Quedó en investigar. No tuvimos respuesta alguna sino hasta el último día, donde ya sentados en el transporte que nos sacaría de la provincia, recibimos noticias que ya había aparecido el móvil. Donde se nos quedó? Ya no importaba. Dónde estaba? Ya en camino hacia nosotros. En medio viaje, el busesito que nos llevaba “se hizo luces” y freno a raya y en media vía. Ventana a ventana, un par de carcajeadas entre choferes, y unos cuantos dólares de propina y el teléfono estaba ya con su dueña. En lo que va del viaje, celulares, termos, y hasta medias se han extraviado y han vuelto a nuestras manos nuevamente. Ahora si completitos a Las Lajas.

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El desvío de la Panamericana hacia esta playa es a lo más estilo Las Vegas. Parados en el medio metro cuadrado de sombra que existía en ese momento, solo los bomberos podrían apagar nuestra calorrrrrrr. Fue exactamente la camioneta de bomberos del distrito de San Félix, y un oficial que estaba haciendo “unas vueltas”, quién nos jalo dedo y nos salvó de la insolación. Llegamos a la playa, y después de la típica: y ahora qué? Llegamos a Jhonny Fiestas. Nos recibió un californiano con esa actitud tan “mellow” que los caracteriza. Armamos campamento bajo la sombra de palmeras, amarramos la hamaca, guardamos los víveres en la refri, ya estábamos instalados.

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La playa de Las Lajas nos recordó a la extinta Tonsupa en Esmeraldas-Ecuador. Una playa conocida como “Playa Ancha” donde se podía caminar en cualquier dirección por Km. Y Km. Y solo palmeras, cangrejos y sand pipers eran tus testigos.

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Ahora, en Tonsupa-Esmeraldas Ecuador, existe el edificio más alto de la costa sur del Pacífico. Para algunos puede llamarse “desarrollo”, incluso puede resaltar orgullo para el país. Para mí es un atentado sobrenatural, y los políticos locales deberían estar presos por su falta de gestión, atropello al uso del suelo, y falta de planeamiento territorial. Esto es solo un ejemplo de lo que ha venido ocurriendo en las últimas décadas y es una de las tantas atrocidades a la “provincia Verde”.

En Las Lajas todavía encontramos un aire natural, donde increíblemente estábamos prácticamente “solos”. Esto no duro mucho, esto lo experimentamos de lunes a jueves. El viernes por la tarde, motos, carros, busitos, y busotes infestaron la playa y la convirtieron en una plaza y discoteca. No fue sino hasta ese rato que el nombre del hostal, y su certificado municipal enmarcado como diploma de cinta negra de karate atrás del bar que leía: “permiso para música alta” hizo sentido. Con lotes de venta por todo lado, vallas promocionando proyectos inmobiliarios, Las lajas, con su cercanía  a la ciudad de David, muy pronto será un paraíso perdido.

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Pintamos la bandera del Ecuador para la decoración y salimos para Boquete.

 

 

Festival del Canal y Santa Catalina

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Cuando nos enteramos que el día en que terminábamos nuestro voluntariado era el  Festival del Canal de Panamá y que el artista invitado sería Carlos Vives, supimos que regresaríamos una vez más a ciudad de Panamá, sobre todo considerando que nuestra extraordinaria y prístina reserva estaba ubicada tan solo a 40 minutos de la gran ciudad. Obviamente fue la perfecta excusa  para volver a ver a los tíos y primos panameños, quienes hicieron plan para acompañarnos  al concierto. Llegamos un poco tarde al gran evento, era tal la cantidad de gente que no pudimos encontrar ningún lugar para sentarnos y tuvimos que ver el show entre huequitos y de pie. Aún en estas circunstancias bailamos, disfrutamos de vallenatos, de las polleras panameñas y sobre todo de una gran compañía. A la mañana siguiente nos volvimos a despedir en la estación, esta vez con un nudo en la garganta ya que sabíamos que al menos por el momento, era la definitiva. Conmovidos por los lazos tan fuertes que se pueden crear en tan poco tiempo, nos subimos al bus sin regresar a ver. Esta vez en dirección a Santa Catalina.

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Lo único que sabíamos de nuestro próximo destino era que desde allí salían las lanchas hacia la Isla de Coiba, la isla más grande del Pacífico Centro Americano, que solía ser un retén y en la que hoy en día solo existe la estación de guarda parques (en la que teníamos planeado ir a acampar) del Parque Nacional Coiba. Tal es su reputación, que decidimos saltarnos una gran parte del país para explorar la isla a mayor profundidad.

Después del trajín de buses y el último tramo en taxi compartido, llegamos a Santa Catalina. Con poca luz, un poco desubicados y sin muchas opciones, acampamos en una pequeña pendiente pedregosa del Hostal Oceana. Cansados del viaje y adaptándonos todavía a nuestro rincón, no terminábamos de armar la carpa cuando me di cuenta de que no aparecía mi celular. Se había quedado en el bus.

Con mi extensa experiencia en extraviar objetos,  el desapego a lo material ha sido una práctica constante en mi vida. Sin embargo no perdía nada intentando recuperarlo.  Al día siguiente me levanté, y Santa Catalina me sorprendió con un mágico amanecer en una playa amplia y solitaria. Recargada de nueva energía empecé a recoger mis pasos…. ¿lo recuperé? Siguiente post.

La playa que no habíamos podido apreciar la noche en la que llegamos resultó ser una de las más bonitas que he visto. Una playa ancha, limpia, llena de cangrejos que me hicieron añorar los años de oro de mi querido Mompiche. Después de disfrutar de sus olas cristalinas y juguetonas caminamos hacia el pueblo para organizar nuestro transporte a la Isla de Coiba.

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Visitamos todas las operadoras de turismo y de buceo… nadie salía a Coiba debido a que la estación de guarda parques se encontraba en  remodelación y estaría cerrada por un mes (obvio, esta información no estaba en internet). El lugar por el que nos habíamos saltado gran parte de Panamá estaba fuera de nuestro alcance. Después de intentar convencer a varias agencias sin éxito,  decidimos confiar en  las vueltas del camino y hacer limonada con los limones.

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Fueron un par de días de jugar en las olas llenas de surfistas, de intercambiar sonrientes saludos con locales y turistas, caminar sin rumbo y sin apuro,  leer recostados en la arena, coger colorcito, y volver a jugar en las olas cristalinas.

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Nos despedimos de Santa Catalina con una luna espectacular que nos alumbró en la madrugada cuando desarmamos campamento. Un rincón del planeta realmente especial, siempre hay que dejar algo para volver y Coiba será la excusa perfecta para volver a disfrutar de la bella Santa Catalina.

Panamá Rainforest Discovery Center, Voluntariado a las alturas

A diferencia de muchas organizaciones –que no creo que ni ojean nuestros mails y propuestas, donde prácticamente ofrecemos nuestros conocimientos, tiempo y buenas vibras a cambio de un espacio para la carpa- a Karen le encantó nuestro perfil, esas fueron sus palabras textuales en su mail de respuesta. La directora del Panamá Rainforest Discovery Center (PRDC) nos invitaba a la reserva a tener una entrevista para conocernos y finiquitar detalles para lo que sería nuestro voluntariado. Lo que no sabíamos, es que empezaríamos con el voluntariado ese mismo día.

A las 5 de la tarde empezaron a llegar los miembros del directorio de la Fundación Avifauna Eugene Eisenmann (que administra la reserva) y muchos invitados especiales, incluyendo al afamado arquitecto Patrick Dillon quién diseño y construyó las infraestructuras principales: el centro de interpretación y la torre de observación de aproximadamente 35 metros de altura. Ese día era el décimo aniversario de la apertura del proyecto que salvaguarda el biodiverso bosque de Gamboa (área de amortiguamiento del Parque Nacional Soberanía)

El evento: apreciar el atardecer en la plataforma de la torre sobre el dosel del bosque, acompañados por una degustación de vinos que agudizaba nuestros sentidos para apreciar la serenata de no menos de 1 docena de tucanes que parecía que discutían de política por la forma en que articulaban y presentaban su show.

Por mi profesión y estilo de vida, he tenido la suerte de visitar, trabajar, y prácticamente vivir en instalaciones o infraestructuras similares. Lo que aprendí ese día, después de conocer la filosofía de cómo se construyó esta torre, simplemente la convierten en mi favorita. No solo no se tumbó ni un solo árbol, pero el diseño fue inspirado en la ecología de bosques tropicales, y de cómo los árboles crecen. Se mantuvo el menor impacto posible en sus terrenos respectivos (torre y centro de visitantes), y cada uno a su manera, refleja los principios de diseño sostenible, incluyendo la construcción de las instalaciones en terrenos ya utilizados anteriormente. Se dispusieron además paneles fotovoltaicos para la generación de energía, se usaron materiales de construcción reciclados (acero estructural, paneles de madera), y se recoge el agua de la lluvia para su tratamiento y consumo, reciclando además las aguas residuales e integrando sistemas de ventilación natural. La instalación fue inaugurada en enero de 2008 por el entonces presidente de Panamá, Martín Torrijos, y desde entonces ha sido visitado por más de quince mil visitantes, incluyendo estudiantes y turistas, lo que contribuye de manera significativa a la educación ambiental en Panamá.

Foto: Archdaily.com

Mientras anochecía y observábamos las primeras estrellas, Beatriz, la mente brillante y alma y corazón de este proyecto, quién casi atragantándose, (por comerse una abeja mientras hablaba) nos deleitaba con el relato de una Águila Harpía que visitaba la torre, todavía en construcción, atraída por los destellos de luces de los soldadores. Ojalá el águila siga viva y con su sentido de la vista intacto.

Esa tarde noche entre dorados colores, el bosque con sus 50 sombras de verde y gigantes buques (que se divisaban a media distancia cruzando el canal) la Guz documentaba el evento y yo pajareaba y ayudaba a los invitados a observar, muchos por primera vez, tucanes, loras, tangaras, y monos aulladores. Que mejor tarjeta de presentación que hacer lo que nos apasiona. De esta manera los miembros del directorio de la fundación aceptaban nuestro voluntariado. Desde esa tarde nos convertimos en staff del PRDC.

Nuestras tareas: pajarear, interpretar, educar a turistas de todo el mundo, aumentar el banco fotográfico de la reserva, y deleitar a los visitantes con las espontáneas e increíbles ilustraciones de aves que la Guz creaba con materiales reciclados.
Cada día el universo nos manda más señales de que en esta vida hay que hacer lo que nos apasiona, y esto, sea lo que sea, tiene que ser hecho con amor para aumentar la conciencia pro vida.

Mi lista de aves aumento en más de 200 spp. Incluyendo joyas como el Rufous Crested Coquette, Pheasent Cuckoo, Streak-chested Antpitta entre muchas otras; aunque la cotinga nunca asomo!

El tiempo que voluntariamos en PRDC paso muy rápido, pero fue muy intenso. Acampamos en medio de un exquisito bosque, donde a luz de vela monos nocturnos y kinkajous nos arullaban, y cantos de Mot Mots y monos aulladores marcaban el inicio del día. Cocinar manjares veganos y en su mayoría raw, fue perfecto para seguir incursionando en nuestra dieta a base de plantas. Intercambiar pensamientos y filosofar con extraños y nuevos amigos, nos abrio nuestro tercer ojo. Analizar quindes a su máxima expresión nos hizo entender lo frágiles pero fuertes que podemos ser. Estar “solos” cobijados por la energía del bosque fue un lujo en nuestra luna de miel.

Dejando a un lado la extravagante naturaleza que nos rodeaba, la experiencia en PRDC fue tan rica por las personas que se nos cruzaron por el camino. Carlos no solo es el 2ndo a bordo de la reserva, es un completo Rasta que sigue luchando en contra de Babylon. Les recomiendo muy seriamente, a quienes son ignorantes del tema, y muchas veces prejuiciosos, a investigar y leer un poco de que se trata la verdadera filosofía Rastafari. Con él pajareamos, compartimos horas de trabajo, y filosofamos e intercambiamos ideas de estilos de vida pro vida.

En una de las andanzas, nos mostró un secreto guardado en el corazón de ciudad de Panamá, algo que en nuestro idioma se llama “una hueca”. Un restaurante vegetariano que sirve en porciones. Con un promedio de $0.25 por porción, y más de 20 diferentes opciones, fue un templo para nuestro apetito y presupuesto.

Algo muy hermoso de rescatar del PRDC, es que la mayoría del staff, ha hecho escuela in-situ. Comenzaron a trabajar con el nacimiento del proyecto, y diez años después, son naturalistas empíricos y guías profesionales que se ganan la vida utilizando sabiamente a la bodiversidad.

Foto: Archdaily.com

El área donde está ubicada la reserva, fue el espacio que inspiró al primer “pajarero” de Panamá (Eugene Eisenmann), quién influyó enérgicamente en Robert Ridgely para incursionar en el mundo de las aves. De ahí, Ridgely publicaría “Aves de Panamá” y más adelante “Aves del Ecuador”. El mundo de la ciencia, la ornitología y la conservación nunca sería igual.
Eisenmann y Ridgely no serán los últimos naturalistas inspirados por la magia de este bosque.

Parque Soberanía, Sobredosis de biodiversidad

Una semana en Panama City en casa de nuestra querida Tía Marta fue justo lo que necesitábamos para recuperar energías. Con todo nuestro equipo limpio, una buena ducha y la barriga bien llena, cargamos nuestras maletas y nos dirigimos hacia la gran estación de transporte Albrook.

Los buses SACA, también conocidos como diablos locos que nos fascinaron con su look retro y sus alegres decoraciones, nos llevaron hacia nuestro siguiente destino: el Parque Nacional Soberanía.
Nos subimos a nuestro colorido transporte preparados para volver a perdernos en algún lugar maravilloso lejos de la ciudad, por lo que nos sorprendió que a los 30 minutos el chofer anunciara nuestra parada.
Eran las 5pm cuando llegamos a la estación de los guarda parques, los que con una hospitalidad especial, nos recibieron en sus instalaciones. Armamos campamento, nos tomamos un café y nos sentamos como en familia a mirar el único y redundante canal al que su televisión tenía acceso. El canal de El Canal de Panamá.

La mañana siguiente empezó muy temprano. Nos dirigimos hacia el mundialmente reconocido Pipeline Road esperando sacarle el jugo y lograr ver el mayor número de aves posible.

El camino del Oleoducto, mejor conocido como Pipeline Road fue un oleoducto de petróleo creado por los Estadounidenses en la época del Canal. Una vez que Panamá retomó el control, el camino quedó abandonado y la selva inició su recuperación. Lo que hace tan especial al camino, sobretodo para avistadores de aves, es secundariamente su cercana ubicación a la ciudad de Panamá, su fácil acceso y a la facilidad del sendero para caminar. Sin embargo su principal atractivo es la alta probabilidad que tiene de avistar algunas de las 400 aves registradas.

A las 6am empezó nuestro recorrido, éramos los únicos en el sendero. Con altas expectativas pero muy consientes de la impredictibilidad de la naturaleza, sabíamos que, como nos habían enseñado los bosques en Ecuador, un factor muy importante es la suerte.

No sabemos sin estábamos como para ir a comprar un billete de lotería o sorpresivamente el Camino del Oleoducto superaba a su fama. En los 10km que recorrimos vimos una gran variedad de aves, sin embargo tuvimos que pasar las aves a un segundo plano y concentrarnos en la impresionante cantidad de mamíferos que se presentaron en nuestro camino.

Hubo momentos en los que no sabía a donde ver… si concentrarme en la Tamandúa (oso hormiguero) que subía por un árbol en busca de termitas, seguir el oloroso rastro de una manada de Pécaris que salieron corriendo cuando nos vieron, deleitarme con el concierto que nos presentaron los monos aulladores, o observar el cruce de un despistado Koatí conocido en Panamá como Gato Solo.

Parecía que el día no nos podía dar más sorpresas, cuando de repente vimos un rápido movimiento en el riachuelo… era un Basilísco o Jesus Christ Lizard. Mis ojos no podían creer lo que veían.

Fue una de las mejores experiencias que nos dio una lección de humildad ante la maravillosa biodiversidad de nuestro planeta, y reforzó nuestro compromiso de ser sus embajadores y trabajar por su conservación.

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