El puerto mejor escondido de México

En tan solo 3 días, la maravillosa ciudad de Oaxaca se convirtió en una de nuestras preferidas. De no haber sido por nuestro compromiso con nuestro primer voluntariado a través de workaway en Puerto Escondido, nos abríamos quedado quién sabe hasta cuando. Aún así, intentamos alargar nuestra estadía un día más, que tan solo nos dejó con más ganas de regresar.

Intentando despertar del encanto de Oaxaca, al siguiente día tomamos una van por 7 horas hacia Puerto Escondido. Un camino angosto, lleno de curvas y de peregrinos de la virgen de Juquila, que aumentaron 3 horas más a nuestro ya pesado viaje. Luego nos enteraríamos que el estado de la carretera entre Oaxaca y Puerto Escondido, era la clave para que este paraíso no sea invadido por un turismo masivo y siga manteniendo su encanto local oaxaqueño, el que muchos temen que desaparezca con la gran avenida que estará lista en pocos años y que unirá a Oaxaca con Puerto Escondido en tan solo 3 horas.

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Al fin llegamos. Sin saber qué esperar, nos bajamos con una ola de calor infernal. Siguiendo las instrucciones de Fernando, nuestro anfitrión, tomamos una camioneta/ colectiva hacia el Rancho Cuatro Elementos. Desde la carretera teníamos que caminar 1 kilómetro hasta llegar a nuestro destino final. Con las mochilas, el sol infernal, y la perdida que nos pegamos, el kilómetro pareció como 5. Como cosa rara, teníamos saldo, señal y batería. Llamamos a Fernando quien nos tuvo que ir a rescatar y guiarnos a hasta nuestro destino final (que había estado a pocos metros de nosotros).

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Era un terreno en pendiente, con algunas plantaciones y pequeñas construcciones de madera. Una de las cuales fue nuestro cuarto por la siguiente semana, la cabaña de fuego, con paredes de tela y un techo de malla. Después de una delicioso spaguetti a leña de bienvenida, y una cálida conversación frente al fuego, Fer nos hizo sentir como parte de la familia, y después de mucho movimiento, finalmente nos llegó el sentimiento de casita que añorábamos tanto. Dormimos cobijados bajo un cielo estrellado. Esos lujos de la vida que no cuestan nada.

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Rancho Cuatro Elementos nació gracias al sueño de Fer, un ser fuera de lo común que decidió dejar las comodidades de la ciudad por una vida en el salvaje Puerto Escondido como lo describe Fer, cambiando la realidad superficial y virtual en la que se había visto absorbido en la ciudad por una de conexiones intensamente reales. Adquirió un terreno en el que ha ido trabajando junto a sus hijos durante los últimos 15 años. Poco a poco, un paso a la vez, Rancho Cuatro Elementos ha ido y continúa creciendo, transformándose en un maravilloso proyecto con una de las vistas más confortantes y hermosas que he visto.

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Con nuestras energías repuestas y llenos de motivación, empezamos nuestro primer voluntariado. Todos los días de 9 a 12, trabajábamos en diferentes tareas en el Rancho, desde deshierbar las camas de nopales, hasta perseguir gatitos bebes, no paso mucho antes de que yo ya me dedicara únicamente a hacer murales que trajeran más vida y color a este hermoso rincón del planeta. Finalizada nuestra sudorosa mañana, tomábamos un baño en agua fría para que 10 minutos después en nuestra caminata hacia la carretera nos volviéramos a empapar de sudor. Esto solo hacia que lleguemos a la playa del día con mas ganas.

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Oaxaca-121425.jpgCada tarde tuvimos la oportunidad de conocer una playa diferente, Zicatela, Coral, Playa Blanca, Bacocho, Bocana, Carrizalillo, y en cada una tuvimos la bendición de conocer almas afines, liberar tortuguitas, y ver atardeceres únicos y vibrantes, que nos recordaron el encanto de las playas del Pacífico. El ambiente de Puerto Escondido y sus playas de surfistas era delicioso. Sin olas de gente, con una comunidad internacional grande pero consciente, que busca mantener las playas limpias y lo mejor conservadas posible, con varios restaurantes y actividades a precios super cómodos, y sobretodo con una comunidad local fuerte que protege su tierra y sus tradiciones, México nos volvió a enamorar una vez más… cada lugar nos ha invitado a quedarnos más tiempo pensando que no encontraríamos algo mejor, es difícil tener un lugar preferido en México, sin embargo Oaxaca y sus playas te abrazan fuerte y no te dejan ir.

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Aunque Puerto también nos hizo pagar piso con un par de encuentros no tan pacíficos (que tal vez no sean tan aptos para este medio), Puerto Escondido fue definitivamente el lugar que más nos atrapó. Estábamos felices, cocinando en leña, jugando con gatitos, meditando y haciendo yoga en las mañanas, disfrutando de poder ayudar en el Rancho, y descubriendo nuevas tradiciones y hermosas playas todos los días. Fue un lugar que nos intrigó, y uno de los pocos en los que hemos podido imaginar una vida…

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De despedida Fer nos llevó a la mezclaría tradicional de Puerto, tenían desde un mezcal capuchino, hasta uno medicinal de hierbas que me tuvo tosiendo algunos minutos. Tuvimos una última cena alrededor del fuego conversando sobre el universo, alienígenas y playas. Al siguiente día, una vez terminado el último mural del último elemento, Fer nos llevó hasta la parada, y con un fuerte abrazo, muy agradecidos por el tiempo compartido y con la ilusión de futuros proyectos, nos dijimos hasta pronto.

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