México, un país en el que te da ganas de vivir y de morirte

La Muerte, decoraba cada esquina mexicana por la que pasamos. No era la muerte fría, miedosa y definitiva a la que muchos estamos acostumbrados, con la que hemos crecido. Era una muerte bella, llena de colores, humor y ofrendas que transforman este evento tan eludido, en una fiesta de aceptación y en una promesa de jubilosa inmortalidad.

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Esta fascinante celebración, que llena a los mexicanos de orgullo, une a familias y atrae a millones de turistas alrededor del mundo, nace a partir de la mezcla del sincretismo religioso post colonización y de la cosmovisión de culturas milenarias que habitaron este territorio mucho antes de la llegada de los españoles, y que aún cientos de años después, sus creencias y tradiciones continúan fortaleciendo la cultura mexicana, brindando consuelo y esperanza, e incluso inspirando miles de obras artísticas alrededor del mundo.

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Los aztecas, mexicas, toltecas y mayas ven la muerte como un paso más cerca hacia la inmortalidad. Para ellos, la muerte está totalmente ligada a la vida; no se puede comprender la vida sin la muerte; la muerte se convierte en una celebración de la vida que pasó y del camino que está por venir.  En la mitología tolteca y mexica los muertos deben realizar un viaje a través de las nueve dimensiones del inframundo. Es en este trayecto es donde entran los Xoloitzcuintles, los perros que ayudan a las almas (que fueron bondadosas con ellos) a cruzar el río. Una vez superado el primer obstáculo, deben pasar por ocho dimensiones más superando pruebas de los dioses creadores, y así poder llegar al fin al descanso eterno, fundirse en él todo, dejar todos los pesares atrás y entrar finalmente en el Mictlán, la morada de los señores de la Muerte.

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Durante el 1 y 2 de noviembre, se cree que los difuntos regresan al plano humano para visitar a sus familiares. Los panteones (o el lugar en donde se quiera ofrendar al difunto) son decorados con fascinantes ofrendas llenas de Xóchitl, bellas flores amarillas que junto a las velas, guían a los muertos hacia su morada de descanso, en donde encontrarán a su familia, pan de muerto, e inclusive interpretaciones de sus canciones preferidas.

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Las catrinas, bellas calaveras con trajes coloniales, creadas por el ilustrador político, José Guadalupe Posada, representan una humorística crítica a las clases sociales, anunciando que la muerte no tiene preferencias ni excepciones. No importa lo que has hecho, quién seas, tu nombre o apellido, todos tus esfuerzos por evitarla, la muerte nos llega a todos. Esta perspectiva nos hace refleccionar sobre la relación que tenemos con la muerte. La vemos lejana, no la entendemos ni queremos entender, es nuestra enemiga, un fin que tenemos que evitar a toda costa.
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México es un país en el que te dá ganas de vivir, cada esquina irradia cultura, cada calle tiene historias que contar, la calidez de su gente, la belleza de sus paisajes, las sorpresas que guarda en cada rincón, hacen que te enamores de la vida misma. México logra que te enamores de la vida a través de la muerte. La muerte se convierte en el picante de tu vida, es la que te hace aprovechar cada segundo, la que incita a ser espontáneo, a seguir tu corazón, y cuando al fin llegue tu momento, te invita a dejar este mundo con valentía y anhelo, vestida de gala, derritiendote en un dulce mundo de flores y velas amarillas, siendo recordada con alegría, e iniciando el camino hacia la eterna felicidad.

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