Las Lajas, ¿un paraíso perdido?

Los conductores de los buses y “busitos” como les dicen aca en Panamá, son nuestros amigos e informantes. Conocen las rutas, las distancias y a las personas indicadas. Con tanto trajín y movimiento, habíamos “perdido” el teléfono móvil en 1 de los varios buses que tomamos ese día. De este inconveniente aprendería una lección muy importante por parte de la Guz: cubrir hasta la última posibilidad, por más ridícula o imposible que sea, para tratar de recuperar el indispensable pedazo de tecnología. Esperamos en la única parada del pueblo, a cada busesito que hacía el recorrido. 1 chofer tenía una pista. Quedó en investigar. No tuvimos respuesta alguna sino hasta el último día, donde ya sentados en el transporte que nos sacaría de la provincia, recibimos noticias que ya había aparecido el móvil. Donde se nos quedó? Ya no importaba. Dónde estaba? Ya en camino hacia nosotros. En medio viaje, el busesito que nos llevaba “se hizo luces” y freno a raya y en media vía. Ventana a ventana, un par de carcajeadas entre choferes, y unos cuantos dólares de propina y el teléfono estaba ya con su dueña. En lo que va del viaje, celulares, termos, y hasta medias se han extraviado y han vuelto a nuestras manos nuevamente. Ahora si completitos a Las Lajas.

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El desvío de la Panamericana hacia esta playa es a lo más estilo Las Vegas. Parados en el medio metro cuadrado de sombra que existía en ese momento, solo los bomberos podrían apagar nuestra calorrrrrrr. Fue exactamente la camioneta de bomberos del distrito de San Félix, y un oficial que estaba haciendo “unas vueltas”, quién nos jalo dedo y nos salvó de la insolación. Llegamos a la playa, y después de la típica: y ahora qué? Llegamos a Jhonny Fiestas. Nos recibió un californiano con esa actitud tan “mellow” que los caracteriza. Armamos campamento bajo la sombra de palmeras, amarramos la hamaca, guardamos los víveres en la refri, ya estábamos instalados.

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La playa de Las Lajas nos recordó a la extinta Tonsupa en Esmeraldas-Ecuador. Una playa conocida como “Playa Ancha” donde se podía caminar en cualquier dirección por Km. Y Km. Y solo palmeras, cangrejos y sand pipers eran tus testigos.

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Ahora, en Tonsupa-Esmeraldas Ecuador, existe el edificio más alto de la costa sur del Pacífico. Para algunos puede llamarse “desarrollo”, incluso puede resaltar orgullo para el país. Para mí es un atentado sobrenatural, y los políticos locales deberían estar presos por su falta de gestión, atropello al uso del suelo, y falta de planeamiento territorial. Esto es solo un ejemplo de lo que ha venido ocurriendo en las últimas décadas y es una de las tantas atrocidades a la “provincia Verde”.

En Las Lajas todavía encontramos un aire natural, donde increíblemente estábamos prácticamente “solos”. Esto no duro mucho, esto lo experimentamos de lunes a jueves. El viernes por la tarde, motos, carros, busitos, y busotes infestaron la playa y la convirtieron en una plaza y discoteca. No fue sino hasta ese rato que el nombre del hostal, y su certificado municipal enmarcado como diploma de cinta negra de karate atrás del bar que leía: “permiso para música alta” hizo sentido. Con lotes de venta por todo lado, vallas promocionando proyectos inmobiliarios, Las lajas, con su cercanía  a la ciudad de David, muy pronto será un paraíso perdido.

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Pintamos la bandera del Ecuador para la decoración y salimos para Boquete.

 

 

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