Parque Soberanía, Sobredosis de biodiversidad

Una semana en Panama City en casa de nuestra querida Tía Marta fue justo lo que necesitábamos para recuperar energías. Con todo nuestro equipo limpio, una buena ducha y la barriga bien llena, cargamos nuestras maletas y nos dirigimos hacia la gran estación de transporte Albrook.

Los buses SACA, también conocidos como diablos locos que nos fascinaron con su look retro y sus alegres decoraciones, nos llevaron hacia nuestro siguiente destino: el Parque Nacional Soberanía.
Nos subimos a nuestro colorido transporte preparados para volver a perdernos en algún lugar maravilloso lejos de la ciudad, por lo que nos sorprendió que a los 30 minutos el chofer anunciara nuestra parada.
Eran las 5pm cuando llegamos a la estación de los guarda parques, los que con una hospitalidad especial, nos recibieron en sus instalaciones. Armamos campamento, nos tomamos un café y nos sentamos como en familia a mirar el único y redundante canal al que su televisión tenía acceso. El canal de El Canal de Panamá.

La mañana siguiente empezó muy temprano. Nos dirigimos hacia el mundialmente reconocido Pipeline Road esperando sacarle el jugo y lograr ver el mayor número de aves posible.

El camino del Oleoducto, mejor conocido como Pipeline Road fue un oleoducto de petróleo creado por los Estadounidenses en la época del Canal. Una vez que Panamá retomó el control, el camino quedó abandonado y la selva inició su recuperación. Lo que hace tan especial al camino, sobretodo para avistadores de aves, es secundariamente su cercana ubicación a la ciudad de Panamá, su fácil acceso y a la facilidad del sendero para caminar. Sin embargo su principal atractivo es la alta probabilidad que tiene de avistar algunas de las 400 aves registradas.

A las 6am empezó nuestro recorrido, éramos los únicos en el sendero. Con altas expectativas pero muy consientes de la impredictibilidad de la naturaleza, sabíamos que, como nos habían enseñado los bosques en Ecuador, un factor muy importante es la suerte.

No sabemos sin estábamos como para ir a comprar un billete de lotería o sorpresivamente el Camino del Oleoducto superaba a su fama. En los 10km que recorrimos vimos una gran variedad de aves, sin embargo tuvimos que pasar las aves a un segundo plano y concentrarnos en la impresionante cantidad de mamíferos que se presentaron en nuestro camino.

Hubo momentos en los que no sabía a donde ver… si concentrarme en la Tamandúa (oso hormiguero) que subía por un árbol en busca de termitas, seguir el oloroso rastro de una manada de Pécaris que salieron corriendo cuando nos vieron, deleitarme con el concierto que nos presentaron los monos aulladores, o observar el cruce de un despistado Koatí conocido en Panamá como Gato Solo.

Parecía que el día no nos podía dar más sorpresas, cuando de repente vimos un rápido movimiento en el riachuelo… era un Basilísco o Jesus Christ Lizard. Mis ojos no podían creer lo que veían.

Fue una de las mejores experiencias que nos dio una lección de humildad ante la maravillosa biodiversidad de nuestro planeta, y reforzó nuestro compromiso de ser sus embajadores y trabajar por su conservación.

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