De extraterrestres en las autónomas islas Gunas (parte 3)

Salimos de Ecuador sin ruta ni itinerario definido. Con poco tiempo para investigar, sabíamos muy poco de nuestros futuros destinos. De los pocos destinos “definidos e innegociables” eran las islas de Guna Yala, también conocidas como San Blas… lo poco que sabía me había atrapado… un grupo de islas autónomas gobernadas por una etnia indígena que había logrado independizarse de Panamá… teníamos que conocerlas.

La falta de información sobre el cruce nos exprimió el bolsillo hasta el punto de poner en riesgo nuestra visita al archipiélago. Teníamos el efectivo contado para el transporte y comida para llegar a Ciudad de Panamá, en donde finalmente tendríamos acceso a un cajero. Las posibilidades de visitar las islas Gunas se reducían cada vez más.

El día de nuestro idilio en migración Panameña, una señora escuchó nuestra historia. Quién diría que en esta situación conoceríamos a China, una mujer Guna que realiza tours a las Islas de San Blas. Esperanzados le preguntamos sobre algún hospedaje económico o alguna isla en la que exista la posibilidad de acampar, a lo que China, superando nuestras expectativas contestó: Pueden quedarse con mi familia en Isla Tigre, así conocen a mis hijos.

No podíamos creer nuestra suerte, nuestro anhelo de experimentar las islas y su cultura de la manera más autentica se hizo realidad. Desde ya Panamá estaba empezando a ser mucho más de lo esperado.

Con el corazón lleno de diferentes emociones salimos a las 5am de Anachukuna en una lancha rápida con dirección a Cartí y con parada en Isla Tigre. Aquí nos separamos de nuestro peculiar grupo. De nuevo los dos contra el mundo.

En el pequeño Puerto de Isla Tigre ya nos estaba esperando Francisca, la suegra de China, una impecable señora Guna que nos recibió en su casa. Con un conocimiento muy limitado del español, su nieta Gina fue nuestra traductora y guía durante nuestra corta pero enriquecedora estadía.

Isla Tigre tiene alrededor de 700 habitantes Gunas, y aunque a primera vista parece ser una isla habitada tan solo por integrantes de la comunidad, tiene una punta estrecha en la cual se forma una playita con encanto caribeño abierta a turistas. Por nuestra pequeña guía nos enteramos que los días que llegan visitantes se sube una banderita que indica que la playita esta cerrada para los locales.

La información que no llega al común de los turistas es que a 500 metros de la playita paradisíaca se encuentra la letrina del pueblo. Un hueco de cemento que da directo al mar a través del cual 700 Kunas y pico realizan sus necesidades. Aún con este conocimiento no nos pudimos resistir a las aguas cristalinas de la puntita de Isla Tigre, eso sí, con la boca bien cerrada.

El tren de eventos que aceleraron nuestra salida de Colombia, nos llevaron a Isla Tigre el día de la ceremonia de iniciación de una niña Kuna. Su primera regla anunció su transición de niña a mujer. La ceremonia Guna requería que la niña permaneciera por alrededor de 5 días en la “choza”comunitaria dentro de un cuarto formado por hojas de “bijao” con el fin de protegerla de energías negativas. Durante todo el día la niña permaneció inmóvil en su silla, aceptando sin ninguna objeción los baldazos de agua fría proporcionados por los integrantes de la comunidad. Esta actividad eran realizada con el fin de limpiar las malas energías asimiladas a lo largo de su niñez, y por si estas fueran contagiosas, los baldazos de agua fría iban dirigidos a sus familiares también.

Toda la comunidad participaba de este magno evento (el evento más celebrado de su cultura) en el cual se festeja, fortalece e interioriza las raíces Guna en las nuevas generaciones, asegurando así su trascendencia.

Emocionados y sintiéndonos un poco recelosos por ser los únicos “extranjeros” en medio de semejante evento, nos refugiamos en nuestra pequeña guía-traductora para información y consejos sobre como interactuar para no irrespetar la ceremonia de ninguna manera. Gina, en su inocencia me dijo que no había problema si quería tomar fotos. No tuvo que repetírmelo 2 veces… saqué mi cámara y empecé a documentar el espectáculo cultural en el que estábamos de intrusos. Las reacciones fueron variadas… desde una señora que con algunas chichas de maíz encima bailando y cantando frente a la cámara, hasta otra que con señas inconfundibles me dijo que parara. Esperando no haber ofendido a nadie, guardé la cámara y disfruté del resto de la noche como una mera espectadora, aceptando mi papel de invitada e intentando disfrutar lo más desapercibida posible.

(La fotografía es una bella forma de expresión y documentación artística, sin embargo una cámara utilizada fría y superficialmente puede ser un objeto intrusivo, agresivo y ajeno generando incomodidad y rechazo. Por esta razón, sobretodo interactuando con comunidades indígenas, intento ser lo más delicada, compartiendo tiempo con los integrantes sin objetos de por medio, construyendo relaciones reales, para así ya con mayor confianza de ambos lados y con su permiso, sacar la cámara, dejándoles saber las intenciones de conservar y proteger su cultura a través de la documentación visual.)

La comida, la chicha y la música no parecían tener fin. Cansados de un cruce que increíblemente nos tenía anhelando las comodidades de la ciudad (un baño y una ducha limpia) nos fuimos a acostar en nuestras hamacas. Nuestra lancha hacia Cartí salía a las 5am… un paso más cerca del esclavizante cajero y sobretodo de conocer a nuestra familia panameña.

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