Santa Marta, lo bueno, lo bonito y lo feo

Tenemos muy buenos recuerdos de Santa Marta, la mayoría están ligados a un pequeño restaurante vegano que fue nuestro centro base, y de Luis, el técnico de la Mac que después de tantas visitas se convirtió en amigo y fan de Kiriando.

Tan sencilla se ha vuelto nuestra vida, que un exquisito pan de chocolate vegano, era lo que más anhelábamos.
El centro de la ciudad es agradable para caminar. El malecón fácil de recorrer. Los vientos huracanados, lo más miedoso.

Dejándonos llevar por las ganas de conocer lo que más podamos, mientras esperábamos el diagnóstico, repuesto y arreglo (que nunca pasó) decidimos cambiar de barrio. En temporada, o no, el centro de Santa Marta estaba fuera de nuestro presupuesto, y los “backpackers” de alrededor no son de nuestro encanto ni estilo.

Encontramos una finca retirada de la ciudad que se estaba convirtiendo en hostal, tiene buenos accesos y está cerca de Rodadero. La fama de Rodadero es del barrio y playa “pelucona” de Santa Marta, allá ellos dicen que es de “estrato 6”. Nunca entendimos bien a que se referían con eso. En fin, Chamilla es bueno, bonito y barato. Pudimos armar campamento debajo de unos gigantes abuelos Caracolí y de unos abuelos mangos (que cada mañana nos regalaban el desayuno). Armamos el slack, y disfrutamos de la piscina y las instalaciones. Estábamos cómodos.
Volviendo al tema de la compu, la idea de ya estar en Santa Marta en vez de seguir en la guapa Sierra Nevada donde tanto nos encariñamos de Minca y su energía, era de estar cerca del técnico para resolver los problemas tecnológicos. Fue una lección de vida. Visitar Rodadero fue una cachetada con puño cerrado para despertar a la realidad en que vivimos.

La temporada alta estaba en su máxima expresión, y todo todito Colombia sube al Caribe en diciembre y enero. Como dice mi viejo (sin ánimo de ofender) “El populacho enfurecido” refiriéndose a la intensidad y exaltación de las masas turísticas en su éxtasis de poder disfrutar sus único días libreas al año- convierten a Rodadero en un incómodo, penoso, perturbador, asfixiante, claustrofóbico territorio. Salimos repelidos, asqueados de las multitudes y de cómo el ser humano se comporta cuando está en masas. La basura, la actitud, los olores (por miles de personas y sus cochinadas) son fondos sociales que se deben estudiar por sociólogos.

Descubrimos que Santa Marta es la ciudad que más rápido está creciendo que Colombia, y con palabras como corrupción en el vocablo coloquial de sus habitantes, esta ciudad es un desorden y caos completo (por no poner adjetivos más fuertes).

Aquí fue cuando la Guz pudo entender un poco más mis reacciones media bipolares cuando regreso de mi trabajo en el campo, ya sea en la amazonia, las montañas, Galápagos, o donde sea que vaya. Regresar de la paz y tranquilidad de hábitats que sacan lo mejor de ti, a la triste y cruda realidad de los mortales, donde prácticamente nos destruimos unos a otros, es algo que quiero evitar al regreso de esta andanza.

One thought on “Santa Marta, lo bueno, lo bonito y lo feo

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  1. jajaja ya me imagino toda la gente reunida en un solo punto ….. horrible
    pero de todas maneras me encantaría visitar y conocer Santa Marta y sus alrededores .

    se ve delicioso ese brownie vegano voy a buscar uno me dió ganas…

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