Camarones, santuario de fauna y flora los Flamencos.

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No somos turistas, somos viajeros; y no somos principiantes, tampoco expertos, tenemos el idioma, somos latinos y bien avispados, pero en Colombia -ojo con el moco- lo quieras o no vas a “comer cuento”. En Ecuador comúnmente se dice que los colombianos son los mejores vendedores, por su juego de palabras y carisma te venden cualquier cosa. En Colombia y cuando se trata de turismo lo que son, y siendo crudamente honesto, son atracadores o malhechores. Por ganarse así sea 10000 COP (3 dólares) te mueven el cielo a puro engaño y mentira. Simplemente no se pueden quedar callados o decir “discúlpame ya te averiguo”. Lo que hacen es falsear la información o desinformación echándose pedos por la boca para exagerar y vender. Antes que puedas decir “No dar papaya” (dicho muy común en Colombia para no ser justamente atracado) ya te “comiste el cuento”.  Para no alargarme, la Guajira es famosa por muchas cosas. Particularmente yo quería pajarear el circuito norte de observación de aves de Colombia, una zona mundialmente famosa. Una zona de endemismo y de aves marinas, costeras residentes y migratorias. Sabía que es la temporada donde llegan miles de jacarandosos Flamingos y preguntando y preguntando me “comí el cuento” de que ya habían llegado. ¡Ya tenía una misión! Salir momentáneamente de Palomino para recorrer la península de la Guajira era muy tentador. Por suerte somos de lo más autosuficientes y decidimos hacer el viaje por nuestra cuenta (Normal) y no aceptamos opciones de tours de los bandidos. Si vimos Flamingos, era la temporada, pero solo vimos una familia de 3 individuos (Por suerte). La gran migración no llegaba todavía.  La pajareada fue muy relajada, patacones, fruta, y cocos bajados de las palmeras que nos daban sombra apuntaba mis binoculares a lo que se movía y a lo que no hasta hacer tiempo para nuestro recorrido por las ciénagas. Un moreno grande y fortachón con una sonrisa que parecía que te apuntaba con una linterna fue nuestro guía y capitán. Una panga de madera construida por su padre, una vela artesanal tejida por su madre con un dibujo de Flamingos pintado por él, flameaba los fuertes vientos de casi la punta del continente sudamericano. “Mírame con una sonrisa” esta también escrito en la vela, y te invitaba a deleitarte de la naturaleza paradisiaca de este lugar.  El recorrido por la ciénega, el atardecer, la brisa, el paisaje, mi flamante esposa, los binoculares, la pajareada es algo difícil de describir con solo palabras. Estoy seguro que los venecianos y sus famosas góndolas estarían celosos y con ganas de experimentarlo aunque sea por 1 minuto.

 

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