La mujer más maltratada

El 24 de noviembre mientras realizábamos nuestro servicio de voluntariado, la Madre Prima realizó una invitación a los visitantes de la aldea para unirnos a la marcha en contra a la violencia hacia las mujeres. Todas muy empoderadas y fieles a la causa nos dirigimos hacia La Armenia.

La concentración fue en el Parque Central de la ciudad, en donde se repartieron globos y banderines naranjas, color representante de este día de importancia mundial, a unas 300 personas.

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Dora, una voluntaria de gran talento musical, ingenió un grito muy bello que decía: “No al silencio si a la canción, no a la violencia si al corazón”. Mientras cantábamos el grito llenas de pasión, un hombre mayor nos gritó de vuelta: “Vayan a conseguirse marido”.

Este tipo de reacciones violentas y a la defensiva son las que demuestran la desconección tan grande que tenemos los seres humanos con  la vida y con nosotros mismos. La violencia es falta de amor que nace debido a una ruptura entre nuestro ego y el amor universal, dando como resultado una falta de amor propio que afecta a todo lo que nos rodea, transformándose en un círculo vicioso.

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La mujer divina, la madre de las madres, la representación perfecta de lo femenino, nuestra madre tierra, es la principal víctima de esta ruptura, es la mujer más maltratada. La estamos destruyendo, la tenemos tan descuidada y la damos tan por sentado, que abusamos de su bondad, masacrándola, explotándola y escurriendo hasta la última gota de pureza.

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Si somos violentos hacia nuestra madre, hacia el ser del que dependemos completamente para vivir, ¿cómo no vamos a ser violentos con nosotros mismos y con nuestros semejantes? Si sembramos violencia, cosechamos violencia. Por esta razón está en nuestras manos romper este círculo vicioso con actos de amor y compasión hacia nuestra madre, nosotros mismos, y los seres con los que compartimos el planeta.

Esta en las manos de los seres humanos, y sobre todo de las mujeres de recuperar el sagrado femenino, devolver a la mujer su rol de madre, de ternura, de amor incondicional. Es nuestra responsabilidad educar nuevas generaciones que sean agradecidas y protectoras de nuestra fuente de vida, generaciones que creen conexiones en vez de divisiones, que siembren amor y compasión, para que así, las mujeres junto a todos los seres podamos vivir empoderadas en un mundo de libertad, sin miedo, sin límites y sobretodo guiadas por el amor universal.

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