Mahavan, introspección y comunidad

Nos despedimos de la ajetreada Bogotá desde la terminal en un bus camino a Calarcá. A las 6 horas, después de transitar por una carretera que al parecer era muy conocida debido a sus deslaves y en la que pocos días antes una avalancha arrasó con el camino llevándose a un bus completo por sus más de 3000m de desnivel, llegamos a un pequeño pueblo que nos recibió con una torrencial lluvia. Después de intentar fallidamente encontrar un taxi, un amable señor calarqueño se ofreció a llevarnos hacia nuestro destino: Eco Yoga Aldea Mahavan

El camino hacia la aldea se alejaba de la ciudad perdiéndose en medio de verdes praderas que daban una sensación de libertad y paz. Aunque aún no había parado de llover, Lucero, una bella manisaleña habitante de la aldea nos estaba esperando con una gran sonrisa en la entrada.

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Mahavan, una comunidad a las afueras de la Armenia, es una propiedad de alrededor de 7 hectáreas que fueron devueltas a nuestra madre tierra, las que cuentan con un bello paisaje que es considerado como patrimonio inmaterial de la humanidad. Es un lugar sagrado en el que se vive un objetivo en común: la conexión con la Pachamama y con el ser interior.

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A través del programa de voluntariado se busca romper las barreras y sugestiones que nos separan como humanos. Las horas de servicio buscan compartir experiencias, aprendizajes y crear nuevos y enriquecedores conocimientos. Nuestras actividades variaron según nuestros deseos, desde trabajar en el jardín, preparar una comida vegetariana deliciosa, hasta volver a hacer un mural.

Nuestro camino nos ha encontrado con personas muy bellas, interesantes y con un estilo de vida admirable. Unas de ellas fueron las Doritas, dos maravillosas mujeres fanáticas de las aves, que volvieron a despertar en Andrés las ganas de “pajarear”. Todas las mañanas antes de las 6am ya estaban en pie investigando los alrededores de Mahavan en busca de las aves que habitaban la aldea. En una de sus salidas, emocionados por seguir el rastro de un carpintero endémico de la zona, decidieron acortar sendero y se metieron por donde no debían, lo que dio como resultado una sesión de acupuntura no deseada para Andrés, cuando fue atacado por más de 20 avispas.

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Aparte de nuestro servicio, que era 4 horas al día, teníamos acceso a diferentes actividades y talleres como masajes terapéuticos místicos (en el que el “pobre” Andrés tuvo la suerte de ser la víctima masajeada), meditación con cuencos tibetanos, meditación zen, yoga, partidos de fútbol y hasta compartir una película como en familia. Todas estas actividades acompañadas por los bellos habitantes de Mahavan humanos y no humanos (Lola y Lala, las perritas; Surabi, la vaca y Pavitrán el pavo real), hicieron de nuestra semana una experiencia realmente enriquecedora para nuestra mente, cuerpo y espíritu.

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One thought on “Mahavan, introspección y comunidad

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  1. Pobre Andrés atacado por avispas…
    paisajes increibles, pájaros, murales, yoga, masajes, voluntariados…

    Muy entretenidos e interesante resúmen, gracias por mantenernos con curiosidad y saber más de ustedes y sus locas aventuras.

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