El Taita que recibe viajeros

Sibundoy era para nosotros solo un pueblo por el que teníamos que pasar para bajar a Mocoa. Al bajarnos del bus y empezar a preguntar sobre alojamientos, una señora nos dijo sin pensar dos veces: “busquen al Taita que recibe viajeros”. El departamento de Putumayo tiene 15 grupos étnicos, y coloquialmente para estos, Taita significa Shaman o curandero.

Sin pensarlo nos dirijimos en busca de tan interesante personaje al que todos en el pueblo conocían. Mientras buscábamos su casa y pedíamos direcciones la gente nos alentaba para llegar diciendo “derechito llegan”, “hoy es un buen día para ir, está sano”

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La casa del Taita Miguel Ángel Muchavisoy es una casa sencilla de madera casi a las afueras de pueblo, a las orillas del río Putumayo. En la fachada de la casa se podían observar dos jaguares pintados bebiendo Yague. La puerta estaba abierta, con un poco de recelo preguntamos por el Taita. Enseguida un hombre de alrededor de 50 años cuyo rostro era la representación perfecta del mestizaje entre españoles e indígenas, nos dio la bienvenida. Sus ojos brillaban. Conversamos por un buen tiempo, y nos contó que desde pequeño su vocación era ayudar a su comunidad. Después de un fallido intento en seguir la doctrina católica, decidió seguir los pasos de sus ancestros indígenas Kamëntsá y estudiar la medicina ancestral para convertirse en Taita. Desde ese entonces la puerta de su casa ha estado abiertas para su comunidad, para viajeros, y para cualquiera que necesite guianza o sanación espiritual y física.

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A cambio de su hospitalidad ofrecí mis habilidades como diseñadora y fotógrafa. El Taita quedó muy contento ya que había mucho que documentar de su trabajo y de su hermosa familia de artesanos, músicos y artistas en general. La esposa del Taita, la Mamita, nos dio un espacio en su casa – taller – consultorio para ubicarnos con otros 3 viajeros que estaban ya ahí. Nunca supimos realmente cuanta gente vivía en la casa, todos los días veíamos caras nuevas, la puerta de la casa siempre estaba abierta. La buena energía, hospitalidad sin límites,  música, artesanías y personalidades que convivían ahí atraían a cualquier viajero en busca de una experiencia local auténtica.

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La Mamita Clementina, por su espíritu maternal, se preocupaba siempre por el bienestar de todos los que estaban bajo su techo, la seguridad, y sabiduría del taita, las conversaciones y convivencia con sus hijos y demás viajeros nos hicieron sentir como 2 miembros más de la familia.

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Nos íbamos a quedar solo una noche en Sibundoy, nos terminamos quedando una semana! Y solo nos dijimos hasta luego, con la promesa de regresar para el carnaval tradicional indígena del perdón.

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